Lunes, 05 de Diciembre 2022

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Los militares nunca se han ido

Por: Rubén Martín

Los militares nunca se han ido

Los militares nunca se han ido

Las recientes aprobaciones legislativas impulsadas por el Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador para trasladar la Guardia Nacional a la esfera de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la iniciativa del Partido Revolucionario Institucional (PRI) avalada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) de alargar la presencia de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública hasta el año 2028, han levantado una oleada de críticas y cuestionamientos sobre la creciente presencia de las Fuerzas Armadas en la vida pública en México y su aumento de competencias que antes eran exclusivas de la vida civil. 

La mayoría de las lecturas a este proceso de militarización del país atribuyen su inicio en el año 2006, al arranque del sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa, quien sacó el Ejército a las calles en una supuesta guerra contra el crimen organizado. Desde entonces la presencia del Ejército en las calles y en otras esferas de la vida nacional no ha hecho más que aumentar. Sin embargo, una mirada más amplia de la historia del papel de las Fuerzas Armadas indica que esa presencia es más profunda y extensa de lo que solemos reconocer.

El actual Ejército nace en la Revolución mexicana como fuerzas populares que derrotaron al antiguo ejército de Porfirio Díaz. Fue tan relevante el papel de estas corrientes que los primeros presidentes del país, tras la Revolución, todos eran militares o tuvieron participación en las Fuerzas Armadas. La presencia de los militares directamente al mando del Poder Ejecutivo del país terminó en los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho.

Según el libro clásico El ejército mexicano, de Jorge Alberto Lozoya (Colegio de México, 1984), tanto Cárdenas como Ávila Camacho impulsaron la “desmilitarización” de los altos mandos del Gobierno a través de una “despolitización” de las Fuerzas Armadas. Fue en ese periodo cuando el antecedente del PRI, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), se organizó en cuatro sectores: campesino, obrero, popular y militar. Un sexenio después se eliminó este último sector del PRI.

Pero la tarea más antigua de las Fuerzas Armadas mexicanas es el control y la represión a las disidencias y movimientos sociales que cuestionaron la legitimidad o las políticas del partido dominante en México. Después de la Revolución Mexicana, las Fuerzas Armadas enfrentaron al menos tres rebeliones o levantamientos armados: la Guerra Cristera de 1926 a 1929 en la primera oleada y la segunda entre 1936 y 1938. A esta rebelión le siguieron el levantamiento del general Miguel Henríquez Guzmán, en enero de 1939, y el del general Juan Andreu Almazán, entre julio y octubre de 1940.

Posteriormente los militares han sido enviados por los mandos políticos del Estado mexicano a reprimir movilizaciones campesinas o sindicales. Algunos casos fueron la utilización de soldados para desalojar el internado del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en 1956, la represión a los movimientos sindicales, el magisterial de 1958 a 1961 y los ferrocarrileros entre 1957 y 1958. 

Félix Hernández Gamundi, vocero del Comité 68 Pro Libertades Democráticas y ex líder del movimiento estudiantil de 1968, masacrado por el Ejército en la aciaga noche del 2 de octubre de ese año, recordó que los militares fueron usados para reprimir a estudiantes y universitarios en varios estados del país: Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Durango, Sinaloa, Sonora, entre otros.

Este breve repaso nos recuerda que las Fuerzas Armadas siempre han estado para usar su fuerza contra movimientos sociales o políticos que cuestionan la legitimidad del Estado mexicano. Ahora siguen cumpliendo esa misma función, pero además construyen aeropuertos, puertos, bancos y administran aduanas y trenes de pasajeros. Es decir, tienen más poder que en el pasado. 

rubenmartinmartin@gmail.com

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