Sábado, 04 de Febrero 2023

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Los medios favoritos de Alfaro

Por: Jonathan Lomelí

Los medios favoritos de Alfaro

Los medios favoritos de Alfaro

Desde que arrancó su sexenio hasta septiembre de este año, Enrique Alfaro ha concedido 202 entrevistas exclusivas a medios nacionales y sólo 98 a medios locales, según la bitácora de atención a medios que obtuve vía transparencia. 

Hay datos muy interesantes sobre las prioridades del gobernador. De entrada, la proporción de dos a uno revela un claro desprecio por lo local frente a lo nacional. Durante 2020, en plena pandemia de COVID-19, esa proporción se ensanchó tres a uno a favor de medios nacionales, lo que denota un énfasis de su política sanitaria más propagandístico que informativo para orientar a los jaliscienses en medio de una crisis. 

Casi la mitad de las entrevistas locales fueron para Quiero TV (19) y Televisa Guadalajara (18), las dos televisoras con mayor gasto en publicidad oficial. Le siguen otros como DK 1250 (7), Meganoticias (6), Milenio (5), Mural (5), entre otros. A tres medios críticos como EL INFORMADOR les concedió sólo una entrevista, y cero a NTR Guadalajara y Canal 44. Dato curioso: otras exclusivas han sido para Badabun, Súper Gol y el canal de Chivas TV. 

A nivel nacional surgen otros datos interesantes. El medio favorito del gobernador es Radio Fórmula, al que concedió 67 entrevistas, la mayoría a Azucena Uresti (30) y Ciro Gómez Leyva (21). Le siguen El Heraldo Radio con 32 entrevistas. 

Aquí me permito un paréntesis: cuando Alfaro descalificó a los medios en su informe de seguridad mostró una nota de El Heraldo Jalisco. Infiero que se trató de un velado mensaje de realineamiento a ese y otros medios locales de cara a 2024. 

En la cima del ranking nacional también figuran W Radio (22), MVS (17) y Grupo Imagen (14). Hay pocas entrevistas a medios impresos como Milenio (6) y El Universal (2). 

La entrevista que Alfaro concedió a El Universal esta semana ejemplifica el perfil de esas salidas a medios nacionales. Con natural impunidad, aseguró que su refundación va al 80 por ciento, levantó la mano como presidenciable por enésima vez y libró cualquier interpelación crítica sobre desaparecidos, inseguridad, crisis ambiental y de derechos humanos, pobreza laboral, aumento presupuestal a partidos políticos, negocios privados con lo público, cooptación de poderes autónomos, crispación social y temas que abordaría cualquier periodista local con mediano sentido crítico y libertad de prensa. 

Dos razones explican el desprecio de Alfaro por lo local y su engolosinamiento con la prensa nacional. La primera obedece a su proyecto político personal como presidenciable. El escaparate nacional le sirve para ese propósito. Contrario a su discurso inicial de que no buscaría otro cargo, abrió sus cartas en los últimos meses a pesar de que su estatura política -ya no digamos su escasa popularidad frente a otros contendientes- se mostró real e insuficiente desde el primer año como gobernador.  

La otra razón, más profunda, obedece al terror que genera en el mandatario cualquier síntoma de una realidad externa. Como quien padece algún nivel de espectro autista, lo irrita cualquier destello, sonido o inferencia a una realidad ajena a la suya. En ese sentido, la democracia como diálogo es nociva para su concepción autárquica del ejercicio del poder.  

La democracia es esencialmente conflictiva porque reconoce la existencia de un “otro”, no lo aniquila ni lo diluye en el vasallaje como una dictadura o una monarquía. El otro, sujeto de derechos como yo, tiene una visión del mundo que me interpela, me confronta y desafía. El gobernador suprime la incómoda existencia de ese “otro”. Por eso los medios favoritos de Alfaro son los nacionales que le regresan la imagen que él tiene de sí. 

Una prensa local más fuerte y crítica en Veracruz, cuando los saqueos de Javier Duarte, habrían dificultado o evitado algunos abusos del mandatario priista. En una democracia, ese es el papel de los medios locales. Por eso la democracia enloquece al autócrata. Por eso la actitud más antidemocrática es el ensimismamiento, el egocentrismo, la negación de la otredad. El estado ideal del antidemócrata es el soliloquio y el diálogo aparente, la inversión del orden: aquí tengo tus preguntas para mis respuestas. Toma nota. 

 jonathan.lomelí@informador.com.mx

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