Domingo, 14 de Julio 2024

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Las posadas: unos días privilegiados

Por: María Belén Sánchez

Las posadas: unos días privilegiados

Las posadas: unos días privilegiados

Si la sugerencia de la semana anterior nos llevó a reflexionar en serio acerca de lo que esperamos en la vida, sin duda la meditación se fue extendiendo también, como en círculos concéntricos, a todo aquello que deseamos para nuestros seres más cercanos, más queridos, como lo son los de nuestra familia y para quienes queremos siempre lo mejor...

Pero ahora nuestra reflexión toma un giro evidente y nos hace dar vuelta a la página para preguntarnos: ¿qué esperan los demás de mí?

Y qué es lo que yo espero desde mí mismo, y en resumidas cuentas: ¿qué es lo que espera Dios de mí?
Ya estamos a punto de caramelo y mañana –o pasado mañana- será la fiesta luminosa en que empiezan “Las Posadas”.

Luces, cantos, fiesta, buñuelos, convivencia y una serie de simbolismos extraños, que no siempre alcanzamos a comprender en su verdadera hondura desde nuestros parámetros simples y egoístas.

Viendo estas fiestas desde un aspecto simbólico, nos podemos dar cuenta de que en esta vida, todos somos peregrinos, porque no somos autosuficientes y necesitamos de los demás, algo o mucho, pero siempre hay algo que nos falta. 

Al mismo tiempo en que, del otro lado de la verja, hay alguien que pide y que necesita algo de lo que a mí, o no me hace falta, o puedo prescindir…

En el simbolismo de la “posada” unos piden alojamiento, compañía, comprensión, conversación… y los otros tienen la oportunidad de abrir la puerta y el corazón para ofrecer algo de lo mucho o lo poco que poseen.

Si le encontramos el sentido profundo que subyace en esta celebración, no la dejaremos pasar como una fiesta superficial e intrascendente. Nos dará la oportunidad de compartir algo de lo que llevamos en el corazón.

Los ejemplos de José y de María como peregrinos, son luces por medio de las cuales podemos descubrir que todo camino lleva siempre a una meta y que cada paso nos acerca, en una forma u otra, al modelo divino que vino a enseñarnos la ciencia divina de la vida.

Y aquí, en nuestro presente, podemos ir devanando la madeja y ver que lo que esperan de cada uno de nosotros, en más que todo, bondad, benevolencia, comprensión y un poco de tolerancia.

Porque de nada serviría si en nuestras Posadas, que son para invitar a Jesús niño a nacer entre nosotros y en vez de amor, demostramos hostilidad y agresión hacia nuestros semejantes. 

Por eso tenemos que tener muy presente, que las “posadas”, no son fiestas vacías o ruidosas pausas para unos momentos de evasión.

No tenemos que olvidar, que el Señor Jesús, vive entre nosotros y que habitualmente anda a nuestro lado, casi siempre disfrazado de prójimo, de esposa, de hijos y a veces también del mendigo que toda a la puerta…

Y no nos damos cuenta de que cada ser que pasa a nuestro lado, algo pide; pero también algo nos deja, algo nos da.

Dichosos quienes saben reconocerlo, porque es precisamente en esas pequeñas cosas, que damos y recibimos, en donde está la mayor felicidad.

Ánimo pues, Dios nos conceda vivir estos días con verdadera ilusión y buena voluntad, para llegar a la fecha más maravillosa del año, con el milagro de la Navidad entre las manos.  

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