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Lunes, 15 de Julio 2019
Ideas |

La urgencia de comprender el presente 

Por: Martín Casillas de Alba

La urgencia de comprender el presente 

La urgencia de comprender el presente 

“El afán desinteresado de aprender sobre otras épocas es más bien por la urgencia de comprender un presente confuso y convulso, por la angustia de los titulares y los noticiarios, así como, por la incertidumbre del porvenir inmediato”, escribió Antonio Muñoz Molina (Babelia, 28.7.18), un argumento que conecto con el intento que hice para aprender del pasado a través de la vida de mi abuela Maclovia ‘Cova’ Cañedo y del General Ramón Corona.

Aprendí mucho de la Historia de México a través de los sucesos familiares, entre otras cosas, por imaginar todo lo que podrían estar pasando mientras armaba la historia con algunos documentos y con lo que se decía en la familia para luego incorporarlo a la biografía de Cova desde que nació en Tapalpa en 1859, a la mitad de ese siglo de guerras, empezando por la Independencia en 1810, hasta 1822 (el año que fuimos imperio, como lo escribió Flavio González Mello), antes de la invasión del ejército de los Estados Unidos en 1848, hasta que, recién nacida durante la Guerra de los Tres Años (1857-1860) cuando decidieron irse a vivir a Tapalpa donde podían evitar al ejército, y quedarse ahí 10 años hasta que terminó la invasión francesa para regresar a Guadalajara y pasar sus últimos años de su vida en la Villa de Chapala.

“La vida sólo se puede entender hacía atrás, pero hay que vivirla hacia delante” decía Kierkegaard. Por eso, entendemos los sucesos en la vida de la abuela, para contrastarlos con el presente y ver si así, podía satisfacer la ‘incertidumbre del porvenir inmediato’, como lo intenté al terminar las Confesiones de Maclovia (El Equilibrista, 1995) y Las batallas de General, con la vida Ramón Corona (Planeta-Conaculta en el 2002). Hoy me pregunto si habré logrado entender mejor el presente -el aquí y ahora-, de este ‘presente confuso y convulso’ como el que tenemos la sensación de vivir.

Imaginando la vida de la abuela, los hábitos y costumbres de la época, la grieta causada por el abandono de su padre; sus amores en la adolescencia y otros más apasionados; la separación de su marido y los cambios del siglo XX que volvió a oler a pólvora entre los revolucionarios y los conservadores de una Guadalajara que se fue integrando a la modernidad urbana y arquitectónica, como lo pudimos reconocer en algunas de las obras del abuelo Guillermo de Alba, como el primer Hotel Fénix con fachada inspirada en la Chicago School of Architecture o la Villa Guillermina de la calle de Libertad en la Colonia Americana, sombreada para resistir el sol y los calores de mayo, así como, la Estación de Ferrocarril, la Villa Niza y ‘Mi Pullman’ en la Villa de Chapala.

El amor, la separación, la vida y la muerte, así como esas decisiones que vamos tomando y el azar que forman lo que se llama destino, fueron temas a desarrollar por la urgencia de comprender lo que está pasando ahora, para ver si podemos encontrar huellas que podamos conectar para que, ojalá, no se repitan las causas de la división y el encono de una sociedad plural de la que somos parte.

El cambio y la transformación es irremediable en nuestros barrios y ciudades, así como los principios y valores, parte de nuestra historia. Pero es difícil detectar los cambios sutiles del día a día, excepto si levantamos vuelo para ver las cosas a vista de pájaro y anotamos los cambios, no sólo en lo urbano y arquitectónico, sino en los hábitos y costumbres, algunos ya anacrónicos, como los que registré en los tiempos de mi abuela, cuando ella misma estaba sorprendida de ver, como nosotros ahora, cómo se había transformado todo desde que era una niña en la sierra de Tapalpa, hasta el final de su vida: todo había cambiado y no para que ‘todo’ siguiera igual, como proponía Lampedusa en su Gatopardo, pues algunos de esos cambios son irreversibles.

malba99@yahoo.com

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