Domingo, 25 de Septiembre 2022

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La impaciencia de Alfaro

Por: Jonathan Lomelí

La impaciencia de Alfaro

La impaciencia de Alfaro

Enrique Alfaro tiene prisa. Lo domina la impaciencia por desembarazarse de los hechos de inseguridad que impactan a su gobierno. Este síntoma se refleja en un comportamiento que se ha vuelto preocupante y sistemático: adelanta conclusiones equivocadas que medios, sociedad civil, y finalmente la Fiscalía estatal, deben rectificar.

El caso más reciente ocurrió tras los narcobloqueos del martes pasado. Aún no cesaban los atentados, cuando el gobernador reportó, cerca de las ocho y media de la noche, saldo blanco y «la situación bajo control». Pero los ataques se prolongaron hasta la madrugada.

Un día después, Alfaro informó de cinco detenidos tras el operativo federal, un presunto delincuente abatido y sólo daños materiales «sin pérdida de vidas humanas». Sin embargo, la Fiscalía estatal confirmó, dos días después, el asesinato de tres víctimas inocentes durante los ataques. Una de ellas, un hombre reportado como desaparecido. La vocería estatal culpó a AMLO de la información que brindó el gobernador, ¿pero es creíble que su fiscal ignore el número de decesos y el reporte de un ciudadano desaparecido en la carretera en donde ocurrieron los bloqueos?

Esta impaciencia de Alfaro se repite obsesivamente en otros hechos. Tras la balacera y narcobloqueos en Mazamitla, el gobernador reportó tres delincuentes abatidos, pero al final una víctima fue un chef que visitaba el pueblo como turista.

Lo mismo pasó cuando concluyó que la periodista Susana Carreño había sufrido un robo (apenas horas después del atentado), no un ataque directo como postularon la Federación y la víctima. O en el caso Luz Raquel, en donde Alfaro exculpó de toda responsabilidad a las autoridades antes de cualquier investigación.

De forma contradictoria, el mandatario critica duramente a quienes extraen conclusiones precipitadas, sin que antes se pronuncie la Fiscalía. Él, en cambio, lo hace todo el tiempo. Esta postura se explica a partir de dos ideas.

1) El Gobierno busca inducir una percepción manipulada de los hechos delictivos para atenuarlos. Lo que se declara primero tiene más impacto que la cadena de explicaciones que le siguen. Por ejemplo, en su columna del domingo Jorge Zepeda Patterson refirió que no hubo muertos en Jalisco tras los bloqueos. Si uno de los columnistas más informados del país pasó desapercibido este dato, comprensible en medio de una vorágine informativa, cuanto más un ciudadano promedio o un usuario de las redes sociales a quien siempre le habla el gobernador.

2) Se trata de una estrategia para no dejar vacíos en la comunicación y dominar la narrativa, pero esa premura los orilla a sostener cosas que resultan falsas más tarde. Esto se agrava por la incompetencia de los responsables de la comunicación o, peor aún, porque el gobernador ignora a los especialistas en comunicación (en caso que los tenga).

En el Gobierno estatal domina una política de la impaciencia por dejar atrás, no por concluir o investigar las atrocidades que lastiman al Estado. Hay una urgencia por darle scroll al asunto y pasar de largo. Responde a la misma lógica alienada de las redes sociales (ruidosas, con prisas y sin tiempo). Una especie de «prontomanía» virtual en donde existe un Jalisco ideal con un gobernador siempre ocupado y atento. Pero esa idea de avance es más bien un estancamiento: no basta cambiar de tema para anular la realidad.

Lo que parece virtud (las personas con prisa parecen constantemente ocupadas) es un defecto. El conejo de «Alicia en el país de las maravillas» es el mejor ejemplo. Siempre con prisa por llegar a «algún lugar» que ni él mismo sabe cuál es.

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