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Martes, 16 de Octubre 2018

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La fiesta del señor Rimet

Por: Raúl Romero

La fiesta del señor Rimet

La fiesta del señor Rimet

La fiesta deportiva que acapara la atención global el día de hoy es una celebración de todos los amantes del futbol, pero es también la fiesta de Jules Rimet, el padre de la Copa del Mundo.

Rimet nació en 1873 en el alto Saona en Francia, pero creció en París. Su vida es peculiar desde muchos puntos de vista. Era un amante de los deportes que disfrutaba más organizarlos que practicarlos y un patriarca del futbol que se interesaba más en las posibilidades espirituales del juego que en su aspecto físico.

El padre de la Copa del Mundo era profundamente católico. Estudió leyes, pero muy pronto mostró capacidades notables para la organización. Fundó el club de futbol Red Star y se convirtió sucesivamente en presidente de la Liga francesa, presidente de la Federación de Francia y en 1921 en presidente de la FIFA.

A diferencia del barón Pierre de Coubertin, padre de las Olimpiadas, Rimet no era un noble, y estaba convencido de que limitar los Juegos Plímpicos a los atletas amateurs era un ejercicio de elitismo, ya que sólo las clases más acomodadas podían practicar un deporte sin percibir un salario.

Fue ese desacuerdo fundamental el que llevó a Rimet a organizar la Copa del Mundo. Con su característica mezcla de tenacidad y diligencia Rimet trabajó incansablemente para hacer realidad la visión que tuvo por primera vez durante las Olimpiadas de Amberes, en 1920.

Diez años después, en 1930, él mismo transportó en el mítico barco Conte Verde la copa que llevaría su nombre y que ganaría por primera vez Uruguay, el país anfitrión del primer Mundial, competencia que fue un éxito a pesar de todos los obstáculos y contra todos los pronósticos.

El patriarca de la FIFA permanecería en su puesto hasta 1954, pero para entonces su labor ya estaba hecha. El Mundial de futbol es uno de los más importantes acontecimientos a nivel internacional, y sobre todo, tal como Rimet había imaginado, es un escenario donde gente de todo el mundo puede “encontrarse en confiaza, sin odio en sus corazones, y sin un insulto en sus labios”

Esto no quiere decir que la historia de la Copa del Mundo ha sido inmaculada. Han existido ediciones cuestionables del torneo, como la de 1934, en la Italia fascista, y la que comienza hoy, en la Rusia de Putin.

Aun así, las peripecias de la Copa Rimet, el trofeo original del torneo, son una buena metáfora del legado de su autor intelectual. Rimet quiso que la estatuilla estuviera hecha de oro, anticipando que el Mundial se convertiría en el evento deportivo más importante del orbe. El trofeo pasó por muchas viscisitudes, incluido un robo en Inglaterra, hasta terminar en 1970 en posesión de Brasil, el primer equipo que la ganó tres veces. Fue robada de nuevo en 1983 y se daba por perdida, pero de manera increíble la FIFA encontró en sus depósitos la base original en 2015.

La Copa Jules Rimet puede haberse extraviado en los recovecos de la historia, pero el legado de su creador, las ideas que están a la base de la competición, están más vivas que nunca. Quien lo dude sólo tiene que mirar a su alrededor en los próximos días para comprobarlo.

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