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Sábado, 16 de Febrero 2019

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La fábula de la chota Gachupas

Por: José M. Murià

La fábula de la chota Gachupas

La fábula de la chota Gachupas

Érase que se era, en una península muy lejana y atrasada en el tiempo, un país llamado Gachupitlan, cuyo gobierno había forjado una policía muy eficiente para garantizar el orden en toda la población. Se le llamaba “La chota”.

Pero hete aquí -lo que nunca falta- que cansado de su mucho orden y poco progreso una parte más esforzada, harta de que los demás vivieran y trabajaran a sus costillas, sin que siquiera les respetaran sus particulares e inofensivas manías, decidieron divorciarse.

Pero en vez de hacer lo que haría todo el mundo: obligar por la fuerza a que la contraparte aceptara su libertad, respetuosos, como son sus habitantes de las vidas humanas, decidieron hacerlo a la buena, recurriendo al aparato legal.

Desde los primeros planteamientos el gobierno de Gachupitlan se manifestó proclive al uso de la fuerza: para eso tenía tan eficiente cuerpo policiaco…

Pero resulta que los rebeldes no parecían aprestarse a usar la fuerza y la policía carecía de excusa para actuar a su modo, así que tuvieron que argumentar que votar equivalía a golpear y, para evitar que la gente votara, desataron todo su poder, pero ni así fueron motivo de agresión física alguna, de manera que quedaron en el mayor de los ridículos.

Solo hubo un reporte de agresión, todo lo demás resulto completamente pacífico. Bien claro lo decía el informe: en el pueblo catalán de San Esteban de los Robles la policía había sido recibida con la mayor violencia y, ante la ferocidad de los naturales, los heridos de la policía y la superioridad numérica de los inconformes, la chota se había visto obligada a recular.

El aparato publicitario del Estado de Gachupitlan no dudó un momento en lanzar a los cuatro vientos la denuncia del criminal ataque de que habían sido víctimas las beneméritas fuerzas del orden en el belicoso San Esteban de los Robles.

Mucha gente se horrorizó y, al día siguiente, ya se había forjado y organizado un enorme contingente de indignados ciudadanos que se aprestaron para marchar contra San Esteban de los Robles a darle merecida lección a sus retobados pobladores.

Comoquiera tras de aquel contingente justamente indignado, marcharía también La Chota de Gachupitlan para defenderlos si fuera necesario.

Pero surgió un problema inesperado cuando los patriotas se disponían a partir: ¿dónde quedaba el maldecible pueblo? ¡Nadie tenía la más pequeña idea!
Fue necesario recurrir al Instituto Nacional de Geografía para que sus sabios sacaran a la gente de dudas, pero no tuvieron éxito. Pronto se confirmó lo que algunos empezaban a temer: ¡San Esteban de los Robles no existe! Fue un invento de un jefe de policía para desacreditar a los rebeldes catalanes y dar pie a una feroz y gachupina represión con todas las de la ley.

Lo mismo que San Esteban, Gachupitlan no existe, pero Cataluña sí y lo acontecido también fue de verdad y los catalanes han creado mil y un chistes sobre el mentado San Esteban que ha dejado en el mayor de los ridículos a la chota de Gachupitlan.

(jm@pgc-sa.com)

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