Decía Václav Havel, escritor, político y primer presidente de la Republica Checa; que la esperanza no era lo mismo que el optimismo. Que no era la convicción de que todo saldría bien, sino que se trataba de la certeza de que algo tenía sentido, independientemente de cómo resultara. Pero qué pasa cuando ya nada parece tener sentido. Cuando claramente el resultado no ha sido el deseado.Qué pasa cuando la esperanza se ha convertido en una moneda de cambio. En un intercambio de discursos bellos por un voto. En un trueque de necesidades por endosos de poder.Qué pasa cuando un político alimenta al pueblo durante años de esperanzas y utopías que, en el momento de ejercer el poder, nos deja un banquete de migajas compartidas y un país desnutrido de realidades. Qué pasa cuando tienes un primer mandatario con sobrepeso de poder, diabético de empatía, con altos índices egocéntricos y la autocrítica en los niveles más bajos que el promedio deseable.Qué pasa cuando se ha abaratado la esperanza. Cuando se ha manoseado tanto el concepto que se ha convertido en un en eslogan de campaña, cuando ha dejado de ser una idea con sentido o ese destino que quizás era inalcanzable, pero era un motor en busca de mejores condiciones de vida. ¿Dónde quedó ese activo intangible por un México mejor?Hemos entregado la esperanza colectiva e individual en manos de quienes se venden distintos, pero son los de siempre. En manos de un movimiento contaminado de resentimientos. En miradas cortas de incompetencia infinita. En guiones de masas. En el popular engaño de presumir que sabes hacer algo para lo que nunca te has preparado. En manos de oportunistas y ocurrentes.Manifiestos, cascadas de falsas promesas que se proclaman desde Palacio Nacional, palabras que se van a fondo perdido. Que se malgastan. Se desperdician y se diluyen en la realidad que golpea en las calles. En esa tierra prometida en la que se siembran muertos, en la que se secan inversiones, en la que se destruyen cimientos.Qué pasa cuando la desesperanza carcome los tejidos de la sociedad para dejarnos como plato de segunda mesa a expensas de cualquier depredador, delincuente o uniformado.Qué pasa cuando la esperanza no se fue, sino que te la han robado y te enteras que la apostaron en palenques clandestinos.Qué pasa cuando la esperanza no la encuentras en otra parte, en otro partido, en otro movimiento. Quizás entonces nuestra labor sea distinta. Quizás sea la de salvaguardar la idea de un camino distinto. El verdadero significado de la palabra en la acción y no en la demagogia. Guardar la esperanza en un frasco a la orilla de la ventana, cuidarla entre algodones, regarla, hablar bien de ella. Retomarla. Reivindicarla. Trasplantarla en la ciudadanía.Tener un ojo en estado de alerta ante la tragedia y otro a la esperanza. Un trago por la muerte y un brindis por la vida. La cuerda floja en la que vivimos. El puente colgante para alcanzar el bienestar prometido.Al final no tendremos la certeza de que todo saldrá bien, pero sabremos que la esperanza es nuestra y que la apuesta no es el engaño.