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Jueves, 16 de Agosto 2018

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Jaime López, una tragedia rojiblanca

Por: Raúl Romero

Jaime López, una tragedia rojiblanca

Jaime López, una tragedia rojiblanca

Jaime López Salazar, jugador de Chivas, nació un 20 de abril de 1949 en el barrio de Mexicaltzingo, de Guadalajara.

La adolescencia de López, y los años de juventud que llegó a vivir se parecen al sueño de muchos jugadores de futbol, pero como en todas las tragedias, esos pasajes de felicidad parecen tener como único fin amplificar la amargura del final.

El técnico Jesús “Chucho” Ponce, vio jugar a López en el llano y lo llevó al equipo rojiblanco, donde el defensa debutó un 8 de septiembre de 1968 ante Pachuca, sustituyendo a Gregorio Villalobos.

López no sólo logró afianzarse en la titularidad con el Guadalajara, consiguió además un título de Liga con el Rebaño (el de 1969-1970), un triunfo que muchos jugadores quisieran poder presumir.

La vida del defensa y capitán de Chivas sería como la de cualquier leyenda rojiblanca, si no fuera por el final, abrupto y de tintes violentos. Incomprensible.

El 26 de junio de 1974, López, que era también estudiante, dejó por última vez su casa en la Colonia del Fresno. Ya por la madrugada, el jugador del Guadalajara entró a un centro nocturno ubicado en la Calle 54, acompañado de otras cinco personas, entre las que se encontraba un líder estudiantil.

Los reportes acerca de lo que ocurrió en el interior del bar son confusos. Parece que uno de los acompañantes de López exigió recibir gratis una botella de licor que después rechazó. Parece también que en algún momento el local se quedó sin electricidad antes de que el futbolista y su grupo dejaran el lugar.

Lo que se sabe con certeza es lo que sucedió cuando el capitán del Guadalajara salió a la calle. Desde la azotea del centro nocturno, cinco pistoleros acribillaron a López y a uno de sus acompañantes, el líder estudiantil. El jugador de Chivas quedó tendido en la calle con 15 impactos de escopeta, la mayor parte de ellos en la espalda.

La muerte de López pareció aun más irreal porque ese mismo mes otro jugador de Chivas, Octavio el “Centavo” Muciño, había perdido la vida también de manera brutal.

La pesquisa de la Policía reveló que los pistoleros reponsables del asesinato de López eran prácticamente un cuerpo de seguridad del centro nocturno. Vivían en una casa aledaña conectada a través de un pasaje secreto con el bar, desde donde podían ser llamados en cualquier momento gracias a un interfon.

Como en una verdadera tragedia sobre el absurdo de la violencia, apenas unos meses después de la muerte de López, uno de los inculpados por su muerte fue asesinado.

Mientras conducía un auto robado, el delincuente (conocido como “El Henry”), discutió por un incidente de tránsito con el conductor de un camión cisterna, que le disparó a través de la ventanilla del vehículo y después escapó.

López tenía sólo 24 años y toda una carrera por delante, aunque tal vez la verdadera tragedia de su historia es el olvido en el que ha caído un jugador que era capitán del club más popular de México y que, en palabras del “Tubo” Gómez, era “de hecho, el líder del equipo”.

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