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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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Honesto, honesto, honesto...

Por: Guillermo Dellamary

Honesto, honesto, honesto...

Honesto, honesto, honesto...

Una pregunta así,  es difícil de responder con sinceridad, pues por principio nadie es tan perfecto como para reconocerse honesto cabalmente, pero si lo niegas, entonces es una aceptación tácita de ser deshonesto, y eso tampoco es lo justo cuando realmente no se es.

La corrupción no se puede combatir con personas que no se reconocen como honestas. Es indispensable que al menos se pueda identificar como alguien que a todas luces intenta serlo, aunque en ocasiones no lo logré.

La gente en quién tendría más confianza, en alguien que acepte que ha intentado serlo y en ocasiones no lo ha logrado. O en alguien que  insiste en que siempre ha sido plenamente honesto.

Los que además de querer aparentar ser absolutamente honestos, pueden caer irremediablemente en la mentira de querer  aparentar lo que realmente no se es.

Esa pudo haber sido la  intención del candidato independiente, al preguntarle a AMLO, cuatro veces si era honesto.  Demostró con su respuesta que se mantendrá firme en su autoconcepto de honestidad, pase lo que pase. Solo si le demuestran lo contrario.

Buena parte de su campaña  anticorrupción,  parte de ese complejo proceso mental,  “mientras no me demuestren lo contrario yo seguiré convencido de que lo soy”.

Desde la perspectiva de la ley, es muy viable que seas honesto hasta que te demuestren lo contrario con evidencias. Pero desde la psicología política, es otra historia.

Por principio, el dime de qué presumes y te diré de qué careces, se puede aplicar perfectamente, pues se habla de alguien que basa su identidad en crear una imagen mejor de la que el mismo considera que tiene,  acordé a su propio interior.

Representa un problema psicológico porque no coinciden en la mente lo que eres con lo que deseas aparentar. Es decir quieres crear una mejor impresión de la que en realidad crees causar.

Y ese juego mental, consciente o no, intencionado o no, ya no es propio de una personalidad auténtica. Ya se finge y demuestra que hay una dualidad.

La salud mental es indispensable para lograr un buen uso del poder. De lo contrario se corre siempre el riesgo de que se comporten muy distinto a como aparentan serlo antes de poseerlo.

La respuesta justa a una pregunta como la del Bronco es “he intentado serlo” pero el contundentemente negarlo y que siempre has sido honesto, resulta sospechoso. Y lo más probable es que en tu conciencia tienes algo que esconder y que no quieres que se sepa.

Es mucho más viable que sea más honesto el que por principio acepte que a veces n lo es que quien finja que sí lo es.

Parece más confiable el que con humildad acepta que es un pecador, que quien con soberbia presume que es un hombre puro.

¿Qué esperanza se puede dar con semejante moral?

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