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Lunes, 09 de Diciembre 2019
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Guillermo Cosío: adiós a una época

Por: Diego Petersen

Guillermo Cosío: adiós a una época

Guillermo Cosío: adiós a una época

La muerte del exgobernador Guillermo Cosío Vidaurri, uno de los personajes claves de la política jalisciense del siglo XX, es también el adiós a una época, a una forma de hacer política, de entender lo jalisciense y querer a Guadalajara.

Cosío fue sin duda el político jalisciense más importante el último tercio del siglo pasado. Su carrera vertiginosa y su arraigo local lo hicieron el precandidato eterno del PRI a la gubernatura del estado: su nombre apareció en las apuestas, en aquellos años de la cultura del “tapadismo”, en 1976, luego con más fuerza en 1982 y finalmente logró ser candidato en la elección para gobernador de 1989. Paradojas de la política, Cosío fue el gobernador más esperado, el de mayor presencia en todo el estado (presumía tener al menos un compadre en cada uno de los entonces 124 municipios) y más apoyo de los grupos locales de poder; sin embargo, el gobierno quedó trunco porque las explosiones del 22 de abril de 1992 lo tomaron ya muy debilitado políticamente: se había enfrentado con el presidente por la elección intermedia, con los empresarios tapatíos por decisiones polémicas y acusaciones de corrupción, pero sobre todo con las clases medias urbanas por temas de seguridad. Fue el más fuerte de los gobernadores de la última etapa del partido único, y quién más rápido perdió esa fuerza.

Entendía la política como un oficio que se aprendía y se ejercía en las calles, con la gente

Hijo del barrio de la Capilla de Jesús, abogado por la UdeG, ministerio púbico, funcionario, alcalde de Guadalajara, sub secretario de Gobierno de la Ciudad de México, gobernador, embajador en Guatemala, Guillermo Cosío representa cabalmente una forma de hacer política que fue muy vapuleada en tiempos de la transición a la democracia, pues fácilmente se confundía o se transformaba en demagogia, pero que tenía algo que los políticos actuales han perdido y olvidado: el contacto directo con las personas, con las comunidades, con los barrios. Cosío no solo tenía compadres en cada municipio, que no era sino una forma de hacer política de aquellos tiempos, sino que conocía las necesidades de cada barrio, pueblo o ranchería y las características e idiosincrasia de cada rincón del estado.

La muerte de Guillermo Cosío es, simbólicamente, el fin de una época, de una generación que arraigó y dio carta de naturalización a muchos de los vicios de la política de la era del “partidazo”, pero que tenía una gran virtud hoy perdida: entendía la política como un oficio que se aprendía y se ejercía en las calles, con la gente, en la construcción de acuerdos y el reconocimiento del otro.

Descanse en paz.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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