Viernes, 26 de Febrero 2021

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Gratitud

Por: Gabriela Aguilar

Gratitud

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¿Cómo dentro de un traje parecido al de un astronauta, sin que se identifique a su portador o portadora, existe alguien que con un gesto provoque comprensión, solidaridad y empatía?

En el circuito del estacionamiento acondicionado para las pruebas PCR del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (UdeG), ahí vas con los nervios al máximo por saber qué te depara el futuro inmediato. Al final del recorrido, mujeres y hombres te despiden a la distancia levantando la mano y diciendo adiós, como botargas en fiesta infantil, por momentos pareciera que te dicen: “Te esperamos de regreso”.

Igual fue la forma en la que te despiden del Centro de Asilamiento Voluntario, ubicado en el Hotel Villa Primavera de la UdeG, para pacientes asintomáticos o con síntomas moderados que deciden internarse en el lugar para no poner en riesgo principalmente a sus seres queridos. Me tocó la suerte de que el señor que -también vestido como Caza Fantasma- fuera el mismo que estuviera en la caseta cuando llegué y cuando me fui. Me dijo adiós a lo lejos y uno se queda con la sensación de querer correr y darle un abrazo de agradecimiento, así como a todo el equipo de médic@s y enfermeras que están al pendiente de lo que necesites, de llamar todas las mañanas y pedirte las tomas de temperatura, presión y oxigenación -te dan una cajita de plástico al ingreso con los aparatos para medir y un recopilador con indicaciones generales, ejercicios para la mente y posturas de yoga-; los chefs que se esmeran en cada detalle de las comidas que llegan a las nueve de la mañana, tres de la tarde y ocho de la noche, el carrito con las charolas que escuchas llegar y el “toc-toc” en la puerta que antecede al “buenos días, el desayuno, buen provecho” y lo mismo para la comida y la cena.

Los encargados de la limpieza diaria de los pasillos, de las áreas verdes, todos disfrutan su trabajo y se entregan al mismo con una pasión difícil de ver por estos días y lo resumo así: cuando llegué para internarme, sola, con incertidumbre, un domingo nublado y lluvioso que en nada ayudaba al ánimo, nada más faltó que la doctora Tere y la enfermera Hilda rompieran el protocolo para abrazarme y darme la bienvenida. Me hablaron de lo orgullosas que se sienten por servir a la comunidad como lo aprendieron en la universidad -en la UdeG-. “Nos enseñan no solo cuidar al ser humano sino a ser-humanos, y ustedes, los internos, nos recuerdan la relación médico-paciente y que tratamos enfermos, no enfermedades…”

Ellas fueron las que un día me dijeron, “te notamos cabizbaja, más que cuando llegaste, ¿salimos un rato del cuarto a caminar para que te sientas mejor?”

En la operación o administración, coordinando o realizando pruebas, tod@s han dejado algo valioso para servir a enfermos en medio de una Pandemia haciendo el momento de choque más ligero y yo, ahora una paciente post-COVID enfrente de la computadora, no encuentro la forma -porque siempre me parecerá insuficiente- de decir GRACIAS.

puntociego@mail.com

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