Viernes, 25 de Septiembre 2020
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Gandhi: una evocación chilanga

Por: Pablo Latapí

Gandhi: una evocación chilanga

Gandhi: una evocación chilanga

Llegué a vivir a Guadalajara precisamente un día antes de la inauguración del estadio de las Chivas.

Y estuve ahí, en el estadio en la cena y al día siguiente en el partido entre Chivas y Manchester United, por cierto, en compañía de varios integrantes del célebre Campeonísimo, algunos de los cuales ya se nos adelantaron.

Venir a esta ciudad ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Y justo ahora que cumplo 10 años lejos de la Ciudad de México me viene una muy fuerte evocación chilanga al enterarme a la distancia del cierre de la librería Gandhi, la original, con la que nació el concepto Gandhi en 1971 en la Avenida de Miguel Ángel de Quevedo 134, rumbo a Coyoacán, en el Sur de la ciudad.

Y es que en esa librería, que revolucionó el concepto de lo que era la venta de libros en México, me tocó pasar buena parte de mi primera juventud y vivir precisamente ahí anécdotas que marcaron mi vida.

Para empezar, conocer y tratar en persona a Mauricio Achar, el dueño y fundador, que más allá de ser un excelente vendedor se convirtió en el librero cercano, que parecía conocer a todos su lectores (que nos sentíamos más como amigos) y los gustos, de tal forma que siempre había grandes recomendaciones y charlas extraordinarias.

Sus empleados, la mayoría según yo alumnos de la Facultad de Filosofía de la UNAM (prácticamente vecina de la librería) conocían su oficio y gracias a ellos y su complicidad, en los pasillos, tuvimos encuentros memorables con lecturas como La Rebelión de los Ángeles, de Anatole France, o la rebelión en la Granja, de George Orwell, sin comprar los libros; leyendo sentados en el piso.

Pero arriba, en el piso superior de la librería, estaba la cafetería y ahí empezaba la magia.

Cuántas charlas eternas, cuántos intentos de romance y cuántos romances logrados gracias a su café capuchino único, y las mesas pequeñitas que obligaban a la cercanía.

Y junto a las mesas, un pequeño escenario teatral, donde incluso hice mi debut como actor de teatro universitario poniendo en escena varias obras cortas de Bertolt Brecht.

Esa librería que nació ahí en ese local de Avenida Miguel Ángel de Quevedo dio lugar a la que hoy es una gran cadena nacional que agrupa decenas de librerías en todo el país. Ya más sofisticado, el concepto de Mauricio permanece y esos locales siguen siendo un referente cultural para los mexicanos.

Cierran la más vieja de sus librerías porque ya no es rentable, se convirtió en una pequeña bodega para comprar saldos y remates, y la pandemia vino a terminar de darle en la torre.

Cierra sus puertas definitivamente el 17 de agosto y hoy es visitada, con la sana distancia, por decenas de personas seguramente buscando un poco de nostalgia de lo que fue y ha sido Gandhi.

Para mí, en la distancia, sólo me resta evocar cuántas puertas se cierran al cerrar las de Miguel Ángel de Quevedo 134.

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