Miércoles, 24 de Febrero 2021

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Feliz hallazgo

Por: Jaime García Elías

Feliz hallazgo

Feliz hallazgo

Mientras haya música y siga saliendo el sol, habrá alegría y habrá belleza; habrá más de un pretexto para amar la vida. Y lo más importante: habrá esperanza...

En muchos países se cumplió ya, y en otros -México entre ellos- está por cumplirse un año de que los teatros se cerraron y las audiciones musicales en vivo se suspendieron por tiempo indefinido. Los aficionados a la música han tenido que resignarse a un ayuno “más prolongado -decían las abuelas- que las cuaresmas de antes”.

Quedan, empero, algunos consuelos nada despreciables. Por ejemplo, la temporada de seis “conciertos virtuales” ofrecidos a finales de 2020 por la Orquesta Filarmónica de Jalisco, o los conciertos, virtuales también, accesibles por internet, por cuenta de algunas de las orquestas de más prosapia en el mundo. Entre ellos, algunos a cargo de ensambles tan calificados y prestigiosos como la Sinfónica de la Radio de Frankfurt, dirigidos por Andrés Orozco Estrada, o la del Concertgebouw de Amsterdam, con Gustavo Gimeno en la batuta.

Bendiciones propias de los tiempos; felices excepciones a la regla de que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”… Hace un siglo, sin ir mucho más lejos, la radio se encontraba en su etapa incipiente; ya existían las grabaciones fonográficas, ciertamente. Sin embargo, ni la radio llegaba aún a todos los confines, ni todo mundo tenía acceso a los discos o a los aparatos que propiciaban el milagro de disfrutarlos.

Ahora, cuando, en muchos aspectos, las fronteras parecen haberse abatido y las distancias haberse aniquilado, el internet propicia, con suma frecuencia, hallazgos felices… Uno de los más recientes: una versión, disponible en YouTube desde el pasado 7 de enero, de la Octava Sinfonía en Fa mayor, Op. 93, de Beethoven, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la WDR dirigida por Christoph Eschenbach, y grabado en vivo el pasado 19 de diciembre en la sala de la Filarmónica de Colonia.

La sensación de desolación de ver la sala vacía se compensa, en el caso, con la pureza del sonido; sin los ruidos, por leves que sean, y las toses, por contenidas que intenten ser. Todo ello merced a los avances de la tecnología, que permiten captar, libres de cualquier impureza, todas las notas y apreciar la riqueza de colores que es capaz de imprimir a una obra maestra, como la de referencia, un director sobrio, exento de manierismos, respetuoso de la partitura, del tempo y los matices de la misma.

Un agasajo, en una palabra.

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