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Jueves, 15 de Noviembre 2018
Ideas |

Esto no interesará a nadie: y menos a las escuelas de arquitectura, aunque sea un asunto vital

Por: Juan Palomar

Esto no interesará a nadie: y menos a las escuelas de arquitectura, aunque sea un asunto vital

Esto no interesará a nadie: y menos a las escuelas de arquitectura, aunque sea un asunto vital

Para nada, pero en fin. Dice el arquitecto colombiano Felipe Uribe de Bedout: “Las escuelas de arquitectura no tienen producción intelectual suficiente para convertirse en centros de pensamiento, por lo tanto no tienen capacidad de influenciar la práctica y el medio profesional. De esta manera los arquitectos quedan simplemente como mayordomos del medio.”

¿Mayordomos? Claro que sí. Y este es un asunto de interés no simplemente gremial y menos escolar. Repercute en la posibilidad de tener una arquitectura socialmente responsable y útil. Mayordomos, porque en su gran mayoría los arquitectos en funciones (gran parte está desempleados o se dedican a otras cosas) se ocupan en perseguir fielmente y acatar las reglas del mercado convencional. ¿Resultado? Está ante nuestros ojos. 85% de lo construido no tiene que ver -¿afortunadamente?- con los arquitectos con “título”. ¿Resultado? Lo más visible de la producción arquitectónica de todos estos años es comercial, intrascendente, plegada a códigos supuestamente exitosos que poco tienen que ver con la realidad de nuestro medio y sus necesidades. Mayordomos del capital, del consumismo, de la ganancia fácil y de una estética fallida y ajena.

Muchos arquitectos tendrían la capacidad de atacar el inmenso cúmulo de necesidades arquitectónicas y urbanas (que es lo mismo) de nuestros pueblos y ciudades. ¿Qué tenemos en cambio? Una feroz competencia por hacer servilmente los encargos “formateados” de los que más tienen. “Cotos” y casas en “cotos”, por ejemplo, las que además ni siquiera tienen la oportunidad de mostrarse como actores del indispensable diálogo arquitectónico que fertiliza la cultura y sirve de aprendizaje -a veces- para estudiantes, arquitectos y público en general. Tenemos bienales, premios y likes en internet que, casi, nomás sirven para el ego y la vanidad. Tenemos un gremio, colegios y academias alejados de la urgentísima cuestión de conseguir una ciudad más justa, más lógica y más bella.

El ITESO tuvo durante mucho tiempo, y particularmente se ilustra con el premio mundial recibido por su escuela de arquitectura de la UNESCO en la lejana década de los setenta, una genuina preocupación social, acorde con la inspiración cristiana y jesuítica. Algo, nunca suficiente, se ha permeado a través de los años de esta tendencia, y está muy lejos de ser suficiente.

Uribe de Bedout da en el clavo: si no hay producción intelectual, generación de pensamiento en nuestras escuelas de arquitectura, no hay manera de cumplir cabalmente su principal función: mejorar las condiciones arquitectónicas de la sociedad. ¿Qué estamos esperando? ¿Qué se ocupa? Compromiso, lucidez, responsabilidad. Y una profunda revisión pedagógica: ¿para qué se necesitan ahora los arquitectos? Es una pregunta vital, muy alejada de exposiciones, revistas y lucimientos “profesionales”. Necesitamos arquitectura de a de veras.

jpalomar@informador.com.mx

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