Lunes, 26 de Julio 2021

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Espionaje y represión política

Por: Rubén Martín

Espionaje y represión política

Espionaje y represión política

Ya sabíamos que los gobiernos de cualquier signo utilizan el espionaje como una forma de control político, pero ahora una investigación periodística a gran escala revela la intervención telefónica masiva que se llevó a cabo en el sexenio del priista Enrique Peña Nieto.

Gracias a la investigación periodística internacional Pegasus Project, se conoció que al menos diez gobiernos del mundo compraron la tecnología de spyware Pegasus a la empresa israelí NSO Group mediante la cual “infectaron” al menos 50 mil teléfonos móviles en esas naciones, de los cuales 15 mil números telefónicos eran de México, lo cual confirma la escala masiva del espionaje que practicó el gobierno de Peña Nieto.

En las revelaciones se ha destacado el espionaje que se ejercía contra periodistas, especialmente a los críticos del gobierno; a políticos de todos los partidos, e incluso a militantes del mismo partido del presidente y personajes empresariales o columnistas afines al proyecto de Peña Nieto.

Pero un aspecto hasta ahora poco destacado es que el espionaje también se realizaba contra integrantes de organizaciones de derechos humanos, activistas, militantes y participantes en movimientos sociales, como las madres y padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y los abogados que los acompañan.
Y con la intervención telefónica a todos los personajes, especialmente a los actores de los movimientos sociales, se confirma que el espionaje es parte del repertorio de tareas y tácticas que el Estado ha usado desde siempre como parte de la represión política contra los movimientos sociales.

Porfirio Díaz espiaba a los Flores Magón; los gobiernos autoritarios priistas espiaron a quienes animaron movimientos sindicales independientes entre el magisterio, los ferrocarrileros y médicos; Gustavo Díaz Ordaz espió a los dirigentes del movimiento estudiantil; Luis Echeverría espió y autorizó exterminar a los integrantes de los movimientos guerrilleros; Miguel de la Madrid espió a la Corriente Democrática que surgió al seno de su propio partido, el PRI; Carlos Salinas de Gortari espió al naciente movimiento neocardenista y estuvo enterado del asesinato de cientos de militantes del PRD. Y así hasta el infinito.

De hecho el periodista de Proceso Mathieu Tourliere, participante en la investigación internacional, recuerda que fue en el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa, cuando se compró la tecnología del spyware Pegasus.

Siempre ha habido espionaje del poder hacia los opositores. Lo que ahora alarma es la masividad del espionaje y la tecnología que permite ingresar hasta en la vida íntima de los espiados.

Como se recordará, hasta antes de esta tecnología el espionaje era distinto. Por ejemplo con la infiltración de agentes topos. Las organizaciones disidentes sabían que era probable que desde el gobierno en turno se infiltrara a un agente para que pasara reporte de lo que se discutía y decidía en determinada organización.

Si se querían escuchar las conversaciones de los espiados, se implantaban micrófonos en los espacios físicos del opositor o se intervenían los teléfonos con micrófonos en los auriculares o se pinchaban los cables de las líneas telefónicas. Además se podía escuchar conversaciones a distancia con ciertos aparatos, pero eran vistosos.

Ahora no. A la distancia y con un dispositivo que uno mismo compra, el aparato de telefonía móvil, el gobierno o quien pague la tecnología, puede intervenir el teléfono. Y la tecnología Pegasus permite acceder no sólo a las llamadas, sino a los correos electrónicos, los mensajes de texto o apps como Telegram o WhatsApp, contactos e incluso puede prender a control remoto el micrófono o la cámara del teléfono celular. Es decir, pueden escuchar y grabar lo que el espiado esté hablando o haciendo. Esta tecnología, aumenta la escala de las actividades de espionaje. Por ejemplo, el Estado de Israel tiene capacidad de intervenir los teléfonos de todos los usuarios de la franja de Gaza, es decir, millones de teléfonos.

Es inadmisible que su use esta tecnología para propósitos de represión política, porque eso es el espionaje. Por eso llama la atención la reacción tan tibia del presidente Andrés Manuel López Obrador ante esta denuncia de espionaje masivo. Su postura es que este gobierno ya no espía, lo cual está en entredicho, pero no se pronuncia por una investigación a fondo que castigue a quienes decidieron intervenir masivamente teléfonos de periodistas, políticos y militantes de movimientos sociales. El espionaje debe terminar y sus responsables deben ser castigados. 

rubenmartinmartin@gmail.com

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