Miércoles, 20 de Octubre 2021

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Erich Coufal: un arquitecto austriaco destinado a construir la modernidad tapatía

Por: Erik Castillo Camacho

Erich Coufal: un arquitecto austriaco destinado a construir la modernidad tapatía

Erich Coufal: un arquitecto austriaco destinado a construir la modernidad tapatía

“La casualidad no es un lujo, es la otra cara del destino...”
Roberto Bolaño

En la antigua Grecia el destino se concebía como una fuerza sobrenatural que rebasaba la voluntad de humanos e incluso de dioses; esta fuerza absoluta estaba personificada por tres hilanderas llamadas Moiras quienes con sus hilos determinaban el devenir de todo lo existente en el universo. Así, los actos de aparente casualidad eran en realidad el lenguaje oculto de las fuerzas del destino, como es el caso de la muerte de Acrisio, rey usurpador de Argos, por un golpe en la cabeza recibido con un disco al estar en el público de una competencia olímpica, y donde el lanzador del disco, aparentemente de forma fortuita, era Perseo heredero legítimo de Argos. Bajo esta concepción griega deberíamos también entonces adjudicar a las Moiras el hecho de que a los once años de edad Erich Coufal visitara Guadalajara como parte de los Niños cantores de Viena, presentándose en el Teatro Degollado sin saber que más tarde las hilanderas del destino trazarían su regreso a la ciudad para convertirlo en uno de los arquitectos más trascendentales de la modernidad tapatía.

En 1948 Ignacio Díaz Morales fundó la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, ésta fue la primera institución dedicada a la enseñanza de la arquitectura en la ciudad, y nació con la firme intención de formar profesionales con un arraigo y lenguaje arquitectónico propio; ya que si bien la urbe se modernizaba por los planes reguladores implementados por el gobierno de González Gallo, los proyectos arquitectónicos eran producidos por ingenieros y arquitectos foráneos que no imprimían un sello particular a la arquitectura tapatía. La principal dificultad que encontró Díaz Morales para la creación de la escuela fue la de conformar una plantilla docente de calidad, paradójicamente la bonanza económica que el país vivía durante el gobierno de Miguel Alemán había cotizado muy alto los servicios de los arquitectos de la Ciudad de México, por lo que traerlos a Guadalajara costaba una fortuna; por otra parte, en la ciudad solo existían egresados de las escuelas de ingeniería civil, que desde luego podían formar parte de la plantilla, pero no podían ser los responsables de brindar la formación en el ámbito artístico a los nuevos arquitectos. Ante esta encrucijada, Díaz Morales tuvo que voltear la mirada más lejos, más allá del Atlántico, a la vieja Europa que se encontraba desahuciada tras la Segunda Guerra Mundial, y donde los artistas tenían pocas oportunidades de trabajo e inmensas ganas de emigrar para borrar los horrores de la guerra.

ingenio. Un hombre que dejó su huella arquitectónica en nuestra ciudad. ESPECIAL

Ignacio Díaz Morales realizó dos viajes a Europa donde reclutó a varios personajes talentosos, que sumados a algunos ingenieros locales, le permitieron conformar una icónica y vanguardista escuela de arquitectura. Entre las figuras traídas del viejo continente podemos mencionar a Mathias Goeritz, Horts Hartung, Bruno Cadore, Silvio Alberti, entre otros más que no solo se dieron a la tarea de formar jóvenes arquitectos sino que también dejaron su impronta arquitectónica en la ciudad con el diseño y construcción de múltiples edificios modernos. El último profesor en llegar a Guadalajara fue Erich Coufal, quien como señala Mónica del Arenal, llegó con problemas de salud y visado, ya que arribó al país en octubre de 1950, 26 horas antes de que venciera su visado de tránsito.

El joven arquitecto austriaco a la par de impartir clases de dibujo y composición en la recién fundada Escuela de Arquitectura, también supo hacerse de un renombre en el ámbito del diseño y la construcción en Guadalajara. Coufal poseía un gran talento en las artes, así como gran carisma y astucia para vincularse con gente influyente de la ciudad, como es el caso de su relación y colaboración con Miguel Aldana, principal constructor de la época; o su cercanía con el Director del Banco Industrial, Félix Díaz Garza, a quien convertiría en su suegro, además de construirle en 1963 un espectacular edificio en las confluencias de la Avenida 16 de Septiembre y la Calle Libertad. Inmueble hoy lamentablemente convertido en oficinas de la Secretaría de Seguridad del Estado, lo de lamentable por el carácter blindado de esta dependencia; en más de una ocasión, el que escribe ha sido desalojado de forma agresiva por husmear en el alucinante interior del edificio.

A opinión personal la obra maestra de Erich Coufal llegó en 1959 cuando diseñó el Teatro Experimental de Jalisco, un edificio moderno de gran singularidad, ya que como bien dice su nombre, evitó el frío funcionalismo y expuso una alternativa experimental, delirante, donde la exuberancia formal lejos de ser un capricho decorativo interna al usuario en el terreno onírico trascendental de la experiencia espacial. El teatro es un sistema global de lugares de gran dinamismo espacial que tienen como eje medular la integración de escultura y pintura a la arquitectura; resultando así un inmueble donde tanto la idea de recorrido espacial como la de integración plástica son elementos fundamentales de la experiencia arquitectónica.

Al legado arquitectónico de Coufal en Guadalajara habría que añadir otro excelente edificio a unos metros del Teatro experimental, La Casa de las Artesanías jaliscienses realizada en 1962, donde también incorporó de forma acertada al proyecto obras de artistas de la talla de Roberto Montenegro y Carlos Mérida. En este edificio también cabe destacar un rasgo esencial de la obra de Coufal, la constante preocupación por conciliar la tradición con la modernidad, prueba de ello son el diseño de la celosía de concreto utilizada en la fachada, que inspirada en la tradición artesanal vernácula de los textiles y la cerámica de Jalisco logra encontrar su reinterpretación en un material moderno como el concreto y con una técnica industrial de producción en serie. Esta celosía, así como distintos recursos arquitectónicos que buscaban lograr un lenguaje propio de la arquitectura tapatía fueron una constante en múltiples proyectos públicos y habitacionales del arquitecto austriaco.

De la misma forma en que las Moiras tejieron el destino para la llegada de Erich Coufal a México, también decidieron que este año él iniciara su viaje hacia la eternidad. Si bien ha terminado la relación viva entre Coufal y Guadalajara, que inició con aquel niño que en 1937 pisó por primera vez el Teatro Degollado, afortunadamente los artistas dejan como legado su obra que trasciende a su vida misma; así pues, este texto pretende ser un breve homenaje a ese arquitecto austriaco que fue destinado a construir la modernidad tapatía.

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