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Miércoles, 20 de Junio 2018

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El problema de poder ser dios

Por: Lourdes Bueno

El problema de poder ser dios

El problema de poder ser dios

El cargo de Presidente de la república de México es de una enorme seducción, no porque los aspirantes sean los más aptos para solucionar los problemas existentes, sino porque el poder del cargo es tener la muy real posibilidad de la omnipotencia. Porque eso de la separación de poderes, un apartado tan sano en la Constitución, en la práctica no funciona bien.  Así viene a cuento aquella anécdota del presidente Alemán preguntando qué hora era a un alto funcionario que le acompañaba, el funcionario solícito le respondió: “las que usted quiera, Sr. Presidente, las que usted quiera“.  Y esto, en buena medida, sigue siendo una realidad. 

Por ello se vuelve importante el incidente de López Obrador contra del periodista Jesús Silva Herzog, donde AMLO hizo descalificaciones directas al periodista por un párrafo de su columna, AMLO 3.0, en la que mostró una incómoda realidad: Morena ha recogido de todo, hasta lo impensable para, en un pase que parece ‘oportunismo’, ganar la presidencia. El tabasqueño entonces mostró su muy corta mecha cuando de críticas se trata. 

Porque el enojo de AMLO, con regaño al periodista,  se da en su precampaña, no en la cúspide del poder; se da desde una posición endeble cuando de lo que se trata es de dar ‘buena’ imagen y confianza al electorado. Pero la rabieta de López Obrador fue difundida, en vivo y a todo color, por el propio AMLO a pesar de ser ‘solo’ precandidato... Descalificaciones que el político hizo extensiva a otros analistas y periodistas. Un mensaje que resulta una probadita de lo que podría hacer llegando al poder, siendo el ‘dios’ en turno.  

Porque la pregunta hoy es: si este precandidato llegara a gobernar, con esta mecha tan corta, ¿qué hará cuando las críticas de los mexicanos expresen sus descontentos? Qué hará con los académicos que ofrezcan sustentadas miradas contrarias a las suyas. Qué hará con los analistas políticos, muchos de ellos con visiones distintas, sin embargo, no por ello eliminables. Porque de esa variedad de visiones y opiniones se nutre precisamente la libertad de expresión de toda democracia. 

Porque la prensa no está para alabar a los políticos en turno. Por el contrario, de acuerdo con  Pierre Bourdieu los periodistas deben ser el contrapeso del poder, la punta de lanza de la crítica al hacer político del partido, del ejercicio, de la ideología de que se trate, esa es su enorme responsabilidad  aunque le resulte incomodo a quien lo recibe. Porque esa crítica es justo para provocar una reflexión de los que se consideran errores del quehacer político y  lograr una mejora para los gobernados.  

Y no se trata de defender a Silva Herzog, su trayectoria, sus análisis siempre sustentados, se defienden solos. Es sí, una defensa a la libertad de expresión, un derecho que los mexicanos no quieren perder por la valía que tiene y porque fue ganado, en esta parte de la historia,  en los años 1968. Logro que costó sangre y dolor. 

Porque incómodas o no, las opiniones de los gobernados, periodistas incluidos, deben ser respetadas, esto es parte esencial de la libertad de expresión como fundamento del México moderno. 

Porque los Serdán ejercieron su derecho a la libertad de expresión y sufrieron por ello. Porque los hermanos Flores Magón, que tanto admira López Obrador, tuvieron que huir del país por disentir del poder.  Y porque uno de los más caros legados de nuestra historia es precisamente:  la defensa de la libertad de expresión, ayer y hoy.

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