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Viernes, 20 de Julio 2018

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El poder de convecer

Por: Guillermo Dellamary

El poder de convecer

El poder de convecer

Hacer que los ciudadanos te sigan y estén tan convencidos y crédulos de lo que tú les digas,  es un verdadero talento.

Pues es precisamente lo que se necesita para lograr que los votantes los elijan en la boleta el día de las elecciones.

Es un fenómeno psicológico poco estudiado,  que yo sepa,  pero parece de gran trascendencia en cualquier campaña política,  por lo que es muy probable que sí se tengan más elementos de análisis.

Desde mi experiencia he observado que existen dos variables muy importantes: a)La personalidad del candidato b)Las circunstancias sociopolíticas del momento.

A pesar de que los estudios sobre el liderazgo indican que hay todo un perfil que indica qué tantas capacidades y destrezas se necesitan para serlo.  En los hechos, cualquier persona puede serlo,  basta con saber dirigir a un grupo al cumplimiento de sus necesidades. Así, por ejemplo, si un grupo de jóvenes se encuentra perdido en la montaña, y un humilde campesino del lugar conoce la salida,  sin duda le harán  caso y lo seguirán.

De igual manera,  si una población está harta de la corrupción, el que prometa resolverla con argumentos válidos,  va a obtener mejores resultados.

El poder de convencer es mucho más fácil cuando se saben las necesidades, eso es lo que suelen hacer los métodos de venta

Juega un papel muy decidido el que se tenga la sensibilidad para decirles a las personas lo que ellos necesitan escuchar. Lo que la gente quiere oír y espera, es muy importante a la hora de decidir a quién hacerle caso.

De aquí que muchos candidatos no hacen otra cosa que detectar con acierto lo que la gente necesita o desea,  y se los ofrecen de una manera convincente. Es mejor,  claro está, que con una buena oratoria se cumple mucho mejor el objetivo.  Hablar bonito y de una manera atractiva es muy valioso.

Una vez que se ha tomado una decisión ya es mucho más difícil cambiarla después,  y la razón que se ha encontrado es que de inmediato entra el orgullo y la sensación de propiedad  “esta es mi elección y yo no me equivoqué al tomarla”.

La haces tuya y te sientes convencido de lo que ya hiciste,  y sólo mejores argumentos podrán hacerlos modificar su decisión,  pero a costa de una interminable discusión con la indisposición a ceder en nada.  De aquí que existe la necedad o terquedad.

En cuanto a las circunstancias es muy importante considerar que la incertidumbre,  la confusión,  el hartazgo,  el enojo y muchas más de las emociones cercanas,  facilitan que los “líderes” aprovechen el momento para lanzar promesas y discursos, que ayuden a la población a retomar un camino de esperanza y lucidez, y poder así salir del difícil momento en el que se encuentran.

Por lo que resulta un talento importante detectar lo que le pasa a la población y saber lo que en el fondo necesita para que abracen con determinación las propuestas que se les lanzan.

En muchos esquemas de las campañas políticas es una de las tareas más importantes a detectar “qué  es lo que quiere la gente” “cuáles son sus principales necesidades” Una vez que las tienes el candidato sabe bien qué hacer con ellas.

A la gente hay que darle lo que quiere “pan y circo” no importa el nivel social o cultural,  la gente va a elegir la propuesta que quiere oír,  esa es la que más le agrada.

El poder de convencer es mucho más fácil cuando se saben las necesidades,  eso es lo que suelen hacer los diversos métodos de ventas.  No es nada nuevo.

El problema de fondo es que la política ahora está en manos de la mercadotecnia y no en el arte de gobernar.

Esa es la gran diferencia,  para gobernar hay que primero convencer.  Y eso es lo que hacen ahora los candidatos. 

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