Domingo, 25 de Octubre 2020

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El patrimonio del futuro

Por: Juan Palomar

El patrimonio del futuro

El patrimonio del futuro

Es importante recuperar la noción, muchas veces diluida por la velocidad de los tiempos, de lo que significa el patrimonio heredado para las actuales y las futuras generaciones. Esa constancia de un arduo camino recorrido, de la sabiduría decantada a través de las edades, forma un sustrato inapreciable que ofrece respuestas claves frente al presente y el futuro.

En términos arquitectónicos estos principios son particularmente relevantes. Y el patrimonio edificado es desgraciadamente muy vulnerable frente a los avatares que traen consigo las cambiantes circunstancias a que se ve sujeto. De todas las destrucciones y desfiguramientos que los ejemplares arquitectónicos de valía han sufrido, quedan sin embargo algunas muestras que dan cuenta de la historia y del transcurso de las distintas comunidades. Y sin embargo, a estas alturas es mucho lo que existe que ayuda a comprender las diversas maneras como esas comunidades, esos alarifes y arquitectos del pasado supieron construir testimonios de su tiempo, de sus visiones de las maneras de habitar, de estar presentes en el mundo.

Es bien sabida la dificultad para que las piezas valiosas de arquitectura subsistan. Los conflictos y mudanzas de la historia sepultaron una parte muy considerable de ese patrimonio. Algunas piezas, por su reciedumbre y su significación han perdurado, y gracias al continuado aprecio profesado por las sucesivas generaciones, han logrado durar hasta nuestros días. El azar, evidentemente, ha tenido un papel central en estas pérdidas y subsistencias.

En Jalisco, y en Guadalajara, contamos aún con numerosas trazas de un pasado que fue rico en valiosas muestras constructivas. Esos testimonios nos ayudan a entender no solamente lo que fueron ciertos tiempos, ciertos actores y circunstancias: son una herramienta vigente y vital para comprender quienes somos y, muy significativamente, como actuaremos frente al futuro. Ha habido demasiadas pérdidas, demasiadas destrucciones que bien hubieran podido ser evitadas.

Hemos aprendido, sin embargo, y gradualmente, que el patrimonio edificado puede tener cabal vigencia, y mediante los recursos adecuados, encontrar apropiados destinos, reutilizaciones y correctas adaptaciones para seguir siendo de inmediata utilidad. Para lograr lo anterior es necesario que prosiga calando en la comunidad la conciencia de que la arquitectura, cuando es ejercida con lucidez y responsabilidad, puede también conciliar pasado y presente para generar, frente al futuro, soluciones que ayuden a preservar las valiosas herencias que las anteriores generaciones han legado.

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