Martes, 07 de Febrero 2023

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El mito del súper Presidente

Por: Jonathan Lomelí

El mito del súper Presidente

El mito del súper Presidente

El mito del Presidente Andrés Manuel López Obrador se alimenta de sí mismo.

Ante sus críticos, a menudo contrapone un amplio respaldo popular a su movimiento transformador: el Zócalo abarrotado ayer recoge esa idea.

Pero a la mitad de su gestión, ¿en verdad destaca como un Presidente popular? Muchos responderán que sí, pero se trata de una percepción tramposa. Lo pongo en perspectiva.

La popularidad de un gobernante equivale al capital político. Un mandatario la emplea para tomar decisiones difíciles o polémicas a favor de su gobierno. Lo normal sería perder aceptación al avanzar la gestión, el llamado desgaste de gobernar, aunque en México no siempre ocurre.

Veamos. López Obrador, en su tercer año de gobierno, es el Presidente con mayor aceptación desde Ernesto Zedillo, según Oraculus, herramienta que promedia todas las encuestas públicas de aprobación presidencial.

A mitad de su mandato y con una sociedad tristemente dividida, AMLO perdió 12 puntos y gobierna con un 64% de aprobación.
En el tercer año de gobierno, Peña Nieto cayó en picada 17 puntos por Ayotzinapa, y sotaneaba con 37% de respaldo popular.
Felipe Calderón sacó al Ejército a las calles (fatalidad aún ignorada en ese momento); esto le dio tres puntos y subió a 59%.

Mientras Fox preguntaba: «¿y yo por qué?», se desplomaba 13 puntos y se ubicaba en 56%.

Zedillo sorteó una crisis y, sorprendente, ganó 16 puntos hasta llegar a 58%.

De los últimos cinco Presidentes, sólo Peña, Fox y AMLO perdieron más de diez puntos de popularidad en el tercer año de gobierno. ¿Qué coincidencia hay en estos tres proyectos? ¿La esperanza de renovación incumplida? Por su parte, Zedillo y Calderón ganaron puntos.

Entre más alto subes, más dura es la caída. ¿Eso le ocurrirá al Presidente?

El antecesor de AMLO también fortalece el mito. La tremenda impopularidad de Peña contra la popularidad de AMLO favorece a este último por contraste. Pero confrontado con Fox o Zedillo, López Obrador tiene bonos similares. Nuestra corta memoria pone a Peña en el suelo y al morenista en el Cielo.

Por otra parte, la orfandad y la debacle moral de la oposición, sin un líder que articule la crítica al poder presidencial, también nutre el mito del súper Presidente.

Nadie hace sombra al poder en Palacio Nacional. Sin contrapesos, ¿quién capitaliza sus errores, sus deudas y contradicciones? ¿Quién los hace visibles? No como una revancha visceral sino como un saludable y necesario contrapeso democrático. Por eso le resulta tan fácil al Presidente descalificar cualquier crítica o denuncia contra su gestión.  

Si AMLO no es más o menos aceptado que otros Presidentes, ¿es mejor o peor que el resto? Ni mejor ni peor. Tengo elementos para suponer que hasta ahora sólo demostró un parecido sorprendente con los demás. Pero el mito del súper Presidente impide verlo.   

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