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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

El hombre que sólo se divierte

Por: Guillermo Dellamary

El hombre que sólo se divierte

El hombre que sólo se divierte

Hemos llegado a un punto de la manera de vivir, en que el hombre DEMENS, del que hemos hablado en anteriores artículos, ahora no sólo vive de la racionalidad y de sus múltiples productivas tareas cotidianas, sino que se endulza del mito y de sus correspondientes delirios en ilusiones y hasta delirantes especulaciones sobre su manera de vivir.

Entre bailes y danzas, abraza las drogas para entrar en trance y retornar a practicar ritos mágicos que lo esclavizan en experiencias irreales y fantasiosas. Vivimos asustados con el futuro y se nos olvida que somos seres mortales y que a veces  no queremos ni ver la ineludible e inminente muerte que algún día nos llegará.

Nuestros hijos deben también aprender, en el aula de clases, que toda actividad intelectual y desempeño profesional son un testimonio de que somos seres empírico-racionales. Nuestra tarea es crear, desarrollar un modo de vida productivo, pero sobre todo amar y aprovechar el tiempo para el desarrollo de nuestra propia cultura y aportar algo a la mayor civilidad de este planeta.

Y aprender a tomar conciencia de la grave amenaza que nos azota con la depresión y la ansiedad, o las adicciones y el deterioro de la calidad de vida que padecemos al practicar el sedentarismo y la demencia de estar atados a una vida frívola y empeñados en buscar, ante todo, la diversión y el entretenimiento como una manera de apagar el fuego del aburrimiento y la soledad.

Vale reconocer las enormes aportaciones del hombre cuando disfruta de sus tiempos libres y goza del esparcimiento, tal y como lo ha plasmado Johan Huizinga en su libro Homo ludens, en donde señala la importancia del juego en el desarrollo de la creatividad humana, como parte consustancial de la cultura.

Sin embargo, hemos caído en el abuso del tiempo libre, para vivir en la fiesta y divertirnos en un mundo de fantasías animadas y dándole cuerda a las atracciones pueriles y novelescas, de una vida vacía y sin trascendencia.

Ahora sí que perdemos el tiempo, pasando largas horas viendo fotos estúpidas de la vida íntima de otras personas y teniendo conversaciones vacías con multitud de personas que realmente ni son importantes en nuestras vidas.

Mientras unos seres inteligentes encuentran en la tecnología una increíble herramienta para nutrir su cultura, otros no ven más allá que una nueva forma de entretenimiento y caen en la seducción de desperdiciar sus vidas, despilfarrando el valioso tiempo, al simplemente no hacer nada de provecho. La adicción a la diversión irracional raya en una demencia ritual, que en vez de acercarnos al trabajo y a la vida práctica, nos sumergen en un rato improductivo que acaba por idolatrar la fiesta, la borrachera, la risa hipócrita y los “antros” que además crean alucinaciones sociales y distorsión de la realidad cultural, con estruendosa música y bebidas exóticas.

En las aulas de clase se requiere inducir al alumno al valor del tiempo, al uso inteligente de nuestras actividades recreativas, a desarrollar la creatividad en el juego y el deporte, y a hacer honor a que somos homo sapiens sapiens y no un demente más que transita por este planeta, sin aportar nada y además creer que la felicidad está en divertirse.

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