Domingo, 05 de Julio 2020
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El gabinete del talento desperdiciado

Por: Diego Petersen

El gabinete del talento desperdiciado

El gabinete del talento desperdiciado

Cuando Enrique Alfaro nombró su gabinete generó grandes expectativas. El talento convocado no dejaba lugar a dudas: era, a primera vista, el mejor grupo de trabajo en un gabinete desde el mítico equipo convocado por Alberto Cárdenas en 1995, una buena mezcla de experiencia política y compromiso con expertos en las áreas en que el conocimiento es fundamental para el buen ejercicio de gobierno. 

Las expectativas suelen estar siempre por encima de la realidad. Transformar resulta más complicado de lo que parece a simple vista; sin embargo, si algo ha caracterizado a este gabinete no es la falta de talento, sino los resultados por debajo de las expectativas y ello tiene que ver fundamentalmente con dos cosas: el estilo personal de gobernar y una estructura poco eficiente, sobrecargada de niveles.

Enrique Alfaro tiene un liderazgo radial, un estilo rey sol donde el único poseedor del brillo es él y los demás, cual planetas, sólo brillan por el reflejo de la estrella central. El efecto de ello es que el gobierno es unipersonal. El gobernador no se ve a él mismo como el líder de un grupo al frente de una tarea descomunal, sino, por el contrario, ve al gabinete como de apoyo para una tarea que es suya y sólo suya. En parte tiene razón, él fue electo, los demás invitados, pero al final de cuentas a los gobernados no les importa cómo se resuelvan los problemas ni quién, sino que se resuelvan. En esta visión personalista no sólo del poder sino del gobierno estriba en gran medida que el talento no brille y no fluya.

El gobernador tiene un gran equipo, pero gobierna con pocos, no necesariamente los mejores 

El segundo elemento, la estructura, se deriva de la visión unipersonal del ejercicio de gobierno, pero tiene consecuencias específicas. Entre el gobernador y su gabinete hay dos niveles, los coordinadores, cuyas funciones no están estandarizadas y por lo mismo su aporte es muy distinto en cada caso y difícil de evaluar, y el jefe de gabinete, que para efectos prácticos es una especie de ministro plenipotenciario. Esto hace que el trabajo en equipo sea muy complicado, pero sobre todo vuelve muy ineficiente el ejercicio de gobierno. El gobernador tiene un gran equipo, pero gobierna con pocos, no necesariamente los mejores sino los que les tiene más confianza. Muchos secretarios sólo ven al jefe del Ejecutivo en reuniones colectivas, la comunicación está mediada por los coordinadores o el propio jefe de gabinete y la toma de decisiones se hace compleja, tortuosa y lenta, principalmente porque las atribuciones legales siguen siendo de los secretarios, aunque la toma de decisiones no. 

Se requiere talento para reunir tanto talento, pero ha faltado altura de miras para sacarle provecho.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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