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Viernes, 14 de Diciembre 2018

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El debate: tratando la política como partido de futbol

Por: Carlos María Enrigue

El debate: tratando la política como partido de futbol

El debate: tratando la política como partido de futbol

Este domingo se celebrará el primero de tres debates entre los candidatos a la presidencia de la república. Por más que esta haya sido una elección particularmente sosa – pues a la fecha no ha salido ningún imponderable como lo fue en la elección pasada el llamado #YoSoy132 – resulta de algún morbo el ver el desempeño de los candidatos en un debate que se pretende sea más fresco que lo que han solido ser.

Ahora bien, normalmente los debates sirven para poco, puesto que la gente atendemos las elecciones con un enfoque mucho más emocional que racional y la carga del sentimiento se lleva de tiempo previo a los meses inmediatos a la elección, por ello, a manera de generalización, el debate sirve para confirmar nuestro propios prejuicios, viendo así el genio a quien tenemos por candidato de nuestras simpatías y lo ruines, estúpidos y miserables que son los demás.

Así, festejaremos cual focas los ataques que lance nuestro candidato aún si van carentes de toda verdad, pues lo que queremos en el fondo, es que gane, como si esto se tratara de un partido de fútbol. Si los adversarios llegaran a decir algo cierto que lastime a nuestro gallo, podremos engañarnos con mentiras a nosotros mismos, diciendo que eso obedece a los mezquinos intereses de los demás o que, quizá el partido sí pero el abanderado no, junto con otras trampas mentales que nos permitan permanecer satisfechos con nuestra decisión.

Este proceso se va a agudizar si no solo tenemos formada nuestra opinión sobre a quién apoyaremos – o por lo menos a quien queremos ver derrotado – sino que además hemos decidido ser apóstoles de nuestro candidato y sentimos que por saturar a nuestros contactos de redes sociales tendremos un impacto significativo en sus opiniones.

Pues bien, ya encarrilados, y sabiendo que ese ejercicio servirá para proyectar aún más nuestros prejuicios, le recomiendo que atienda la transmisión como si estuviera viendo el mundial de Rusia: playera de mitin, matracas, una bandera del partido que apoye – entender que las alianzas impresentables son el equivalente a tener al “Cadáver” Valdés como seleccionado – y por supuesto una abundante botana acompañada de algún brebaje de alcohol, pues requerirá que estemos verdaderamente entumecidos del cerebro pare pretender que de los cinco sujetos frente nosotros saldrá algo que valga la pena.

Igualmente no dude en tratar a los moderadores como a árbitros, acusándoles de ser el Santander del régimen, o de agregar tiempo injusto como en partido del Real Madrid, mientras se silba pidiendo el final de la intervención exitosa de nuestro contrario.

En fin, para aquellos que no habrá hueso, mucha de la opción consiste en sentirnos entretenidos por este circo perpetuo que es la democracia.

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