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Miércoles, 17 de Julio 2019
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El Mustang y el foco fundido

Por: Sergio Oliveira

El Mustang y el foco fundido

El Mustang y el foco fundido

La industria automotriz en los años 80 era aún más poderosa que hoy. Sus ejecutivos con frecuencia eran considerados estrellas y a algunos de ellos les encantaba ese papel. En especial a Lee Iacocca, un hijo de italianos que durante un tiempo llegó incluso a ser considerado para candidato a la presidencia de Estados Unidos. Tras bambalinas Iacocca era tan humano como cualquiera, con fallas que en algunos casos no eran dignas de su imagen. Un día él y a su esposa Darren recibían para cenar en su casa a una pareja de amigos. Ella preparó la cena y ante los elogios de los invitados dijo que su vida era la de una ama de casa normal y que por ejemplo, ese mismo día había salido a comprar unos focos para la casa. Un indignado Iacocca le preguntó: “¿Los compraste? ¿Por qué? Me hubieras pedido los traía de Chrysler”. Vaya. El entonces más importante ejecutivo de la industria estadounidense no quería gastar dinero en focos, le parecía justo que la empresa lo hiciera por él, como lo relatan Paul Ingrassia y Joseph B. White en su libro: “Comeback, the fall and rise of the american automobile industry”.

La semana pasada Iacocca murió, dejando un legado impresionante de productos como los Chrysler K, la minivan y el Ford Mustang, pero en el fondo, era una persona como uno, con virtudes y defectos.

Ausencia de ídolos

Iacocca fue de los mayores que esa industria ha visto. Junto con pioneros como Henry Ford, Walter P. Chrysler o Alfred P. Sloan, CEO de General Motors de 1923 hasta 1957, son hombres que forjaron productos icónicos como el Mustang o diseñaron la industria como la conocemos hoy, con autos que cambian cada año para incentivar a la gente a querer lo más reciente siempre.

En el pasado reciente no se ha visto nadie del nivel de grandeza de esos, con algunas notables excepciones. El alemán Juergen Schrempp cambió a Mercedes-Benz con su deseo de aumentar su volumen, llegando a comprar a Chrysler en un movimiento que resultó un fracaso histórico y le costó su trabajo. Su sucesor, Dieter Zetche, también es considerado un grande, aunque su legado no es precisamente espectacular.

Hasta noviembre pasado el brasileño Carlos Ghosn parecía estar escribiendo su historia de gloria, pero la cárcel en la cual terminó en Japón por supuesta malversación de fondos a cada día lo aleja más de la posición en el “Olimpo” automotor que al que parecía pertenecer.

Uno de sus pupilos, el portugués Carlos Tavares, parece abrir su paso con el rescate de PSA. Elon Musk, un genio de la innovación y tecnología, abrió a fuerza su camino en la industria, pero si Tesla no funciona como tal -y hasta ahora se tambalea- puede que tampoco tenga camino pavimentado al cielo, como parece haber tenido el italiano Sergio Marchionne, quien falleció el año pasado luego de rescatar a Fiat y después a Chrysler, para luego morir luchando por asociarse con quien se dejara.

Hay otros y habrá más en el futuro, pero antes de endiosarlos como solemos hacer, hay que recordar que en el fondo son humanos como nosotros, con fallas que parecen absurdas, porque ni esta ni ninguna otra industria se hace realmente por una sola persona, por más que algunos sepan aprovecharse brillantemente de la luz de los reflectores que sobre ellos caen a su paso.

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