Jueves, 23 de Septiembre 2021

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¡Échale mi mariachi!

Por: Alberto Galarza

¡Échale mi mariachi!

¡Échale mi mariachi!

Como parte fundamental de la historia y cultura mexicana, el mariachi ha trascendido dentro de los usos y costumbres regionales, y ha perdurado como práctica popular a través de la historia de nuestro país. Este arte, ha sido transmitido de generación en generación, recreado constantemente durante eventos festivos, religiosos y sociales, reforzando el sentido de identidad y continuidad de sus comunidades portadoras en México y el extranjero.

Si bien es cierto, que se desconoce el origen exacto de la palabra “Mariachi”, es importante mencionar que la tradición de esta agrupación musical nació en el centro-oeste de México a finales del siglo XIX. En un principio, este género era estrictamente instrumental, pero luego la voz y la trompeta se agregaron como parte de su famoso sonido.

Por ello, el mariachi, música de cuerdas, canto y trompeta de México, fue declarado en 2011 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esta manifestación cultural, está integrada por personas, valores y tradiciones, que se han transmitido y preservado durante décadas por todo México y el mundo.

Bajo este contexto, la música de mariachi se caracteriza y distingue por enriquecer las distintas regiones del país, principalmente la nuestra, en Jalisco, tanto a nivel regional, estatal, nacional e internacional.

Lamentablemente, con la llegada del COVID-19, las restricciones impuestas por los gobiernos locales y federal para poder frenar los contagios, afectaron directamente a los mariachis del país, al no poder realizar y asistir a eventos sociales, donde normalmente llevan a cabo su profesión. Adicionalmente, la falta de una política pública que proteja a estas agrupaciones musicales y a las personas que las integran, ha tenido serias repercusiones socioeconómicas en las personas que ejercen esta profesión y de sus familias, quienes han perdido hasta el 80% de sus ingresos, además de no contar con ninguna prestación social o apoyo universal específico.

Sin duda, la crisis sanitaria y económica del país, está afectando seriamente a muchas personas, en particular a quienes se dedican a la cultura a través de esta expresión que, a pesar de ser un arte reconocido mundialmente, no existe en el universo laboral del país. No hay en México un padrón fidedigno de las personas que ejercen como músicos de mariachi, ni tampoco una estrategia de apoyo gubernamental para su protección.

Por ello, es indispensable que desde la administración pública federal y local, se defienda la tradición y cultura mexicana del mariachi, no solo al calor de los tequilas y las fiestas, sino con la seriedad propia que nuestro patrimonio cultural merece. Debemos implementar un programa de apoyos económicos emergentes para proteger y apoyar a los grupos y personas dedicadas al mariachi, y respaldar esfuerzos en la materia como la Ley del Instituto Mexicano del Mariachi presentada por la Diputada Mónica Almeida López en la Cámara de Diputados.

Por su importancia en nuestra sociedad, nuestra cultura y la historia mexicana, protejamos y apoyemos nuestro patrimonio cultural inmaterial, y ¡que suenen los mariachis!

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