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Sábado, 22 de Septiembre 2018

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Discriminación

Por: José Luis Cuellar de Dios

Discriminación

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El 3 de diciembre ha sido instituido como el Día Internacional de la Discapacidad, al margen de los eventos, oficiales y privados, que se llevaron a cabo el pasado domingo, es importante hacer un análisis acerca del mayor enemigo que tienen los colectivos de personas con algún tipo de discapacidad, sea física sea mental, ese temible enemigo apabullante y siempre al acecho se llama DISCRIMINACIÓN.

Según estudios sociológicos respecto a las culturas que prevalecen actualmente en las grandes comunidades urbanas, aparecen “ritos” que parecieran convertirse en francas invitaciones a la práctica de la discriminación, peligrosamente ocultos en una de las muchas mascaras de moda, entre ellas la cosificación y la vulgaridad.

Por un lado, las nuevas generaciones se ven constantemente amenazadas por el poder seductor del hedonismo, por el otro, las viejas generaciones fueron educadas en cierta forma de cultura discriminatoria, todo lo diferente era rechazado, fue así como se llegaron a cometer crímenes atroces contra los homosexuales, la discapacidad, los indígenas y otros largos etcéteras, colectivos cuyas agresiones discriminatorias eran muestra de la fragilidad de las relaciones humanas.

Es de reconocer que se avanza en la cultura de la inclusión, sin embargo, no son pocas las ocasiones en las que nos convertimos en testigos de actos discriminatorios convertidos en un total cachondeo que destruyen anhelos e ilusiones. Erradicar tales comportamientos, fenómeno terrible, requiere de una revolución cultural, tarea complicada si tomamos en cuenta que vivimos en el reino del fingimiento y la mentira, comportamientos que chocan con algunos de los valores absolutos, la moral, la ley, la razón.

Aquel que discrimina se convierte en un ser inferior, desafortunadamente ante el fenómeno en boga del individualismo, producto en parte de los movimientos nacionalistas que se presentan en varias partes del mundo, el discriminador se auto justifica entrando en un estado de bienestar, peor aún, colectivamente la discriminación se convierte en compulsión social. Es de llamar la atención que los viejos postulados discriminatorios aún no superados, aparezcan tercamente vigentes, ¿será que el materialismo la gana la batalla al humanitarismo?

Steven Pinker en su voluminoso y bien informado libro “Los Ángeles que llevamos dentro” da cuenta con datos precisos de la disminución de la violencia desde épocas milenarias a nuestros días, el verdadero problema es que seguimos siendo testigos de la injusticia hacia colectivos minoritarios que viven injusta y agresivamente escarnecidos.

El acto discriminatorio es una osadía imperdonable pues se descalifica a la persona, lo que lo convierte en absoluta vergüenza social, desafortunadamente estos comportamientos, en más de una ocasión, se han trivializado hasta convertirlos en irrelevantes.

Es posible que en el infierno habiten los discriminadores, ya que el acto de discriminar provoca que a la persona afectada se le diluya su existencia al punto de considerarla un estorbo. Desaparecer esta deleznable cultura será posible cuando tanto gobierno como sociedad lleven a cabo capañas de sensibilización hacia lo que significa la verdadera INCLUSIÓN, ni la indiferencia que se materializa en abandono, ni la falsa filantropía, esa llena de falsedades y contradicciones nos permitirán convertirnos en sociedad incluyente. Quizás la mejor manera de celebrarlos sea la de no esperar cada 3 de diciembre para acordarnos que ahí están esperando justicia, iniciemos por lo pronto a convertirlos de personas a personajes.

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