Jueves, 20 de Junio 2024

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Poder y distorsión de la realidad

Por: Diego Petersen

Poder y distorsión de la realidad

Poder y distorsión de la realidad

Una de las cosas más terribles del poder es que quien lo detenta pierde el sentido de la realidad (mensaje dirigido a todos los candidatos que pretenden ser electos este domingo). Hemos visto infinidad de casos en los que los políticos caen de bruces cuando se les preguntan cosas tan sencillas y cotidianas como cuánto cuesta el kilo de tortilla. El caso más emblemático fue aquella famosa entrevista que le hizo Salvador Camarena al entonces candidato Enrique Peña Nieto, quien, tras darse cuenta de que no tenía idea de los precios de la canasta básica, acudió a su macho más profundo y argumentó que él no era la señora de la casa.

Resulta relativamente normal abstraerse de la realidad cuando la inflación es sólo un porcentaje, los asesinatos una cifra y la atención médica una meta. El país en el que viven los presidentes y los gobernadores, el que tienen en la cabeza, no es el real, pues para ellos lo que está más allá de los muros de los palacios, de las ventanas blindadas de las camionetas y de los escenarios controlados en los que arengan al pueblo, es una entelequia.

Ayer el Presidente López Obrador dijo que quiere llegar al final de su sexenio, cito: “Sin un solo acto de represión, sin una masacre, sin desaparecidos, con paz, con tranquilidad, pero al mismo tiempo sin autoritarismo”. Respetuosos como son los periodistas mañaneros, nadie se rio. 

No sabemos qué entienda el Presidente por masacre: van más de dos mil en el sexenio, de acuerdo con la clasificación de la organización Causa en Común, que califica como masacre todo homicidio múltiple. La definición puede parecer un poco exagerada, así que recordemos al Presidente sólo algunas de las más terribles: la de la familia Le Barón, en Bavispe, Sonora; la de los 21 jóvenes en una posada, en Salvatierra, Guanajuato; la de los fusilados en la banqueta, en San José de Gracia, Michoacán. 

Negar la desaparición es de locos. Van 60 mil en el sexenio; 50 mil ya con el descuento que le aplicó la secretaria de Gobernación. No reconocerlos es, otra vez, una traición a las madres buscadoras. No se puede hablar de paz en el sexenio con más asesinatos de la historia, pero sobre todo de tranquilidad en territorios donde impera el terror, como sucede en gran parte de Chiapas, Guerrero, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán o Jalisco. Lo mejor de todo es que el Presidente tenga una imagen de sí mismo como un demócrata, cuando en su sexenio se instauró como mantra unas de las instrucciones más autoritarias de la historia reciente: “Sin cambiar ni una coma”.

¿Los políticos son cínicos, tienen otros datos o viven fuera de la realidad? Una mezcla de todo. El poder envilece, y también embrutece.

diego.petersen@informador.com.mx

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