Lunes, 15 de Julio 2024

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La Claudia de verdad

Por: Diego Petersen

La Claudia de verdad

La Claudia de verdad

Cada uno ve la Claudia Sheinbaum que quiere ver. Los partidarios de López Obrador ven en la próxima presidenta a la continuadora de la transformación sin matices, una especie de extensión de la voluntad inacabada del Presidente. Los que odian al Presidente quieren ver en cada gesto de Claudia una toma de distancia, una separación, una duda o cuestionamiento al llamado “Plan C”.

Lo que realmente hemos visto hasta ahora es que parece existir un diferendo en los tiempos, nada más. La absurda prisa de la presidenta electa de pasar en septiembre reformas a programas sociales que, tal como quedaron las cámaras, podría ella aprobarlas en dos días a partir de octubre, y más aún, aplicarlas sin hacer reforma constitucional alguna. La reforma al ISSSTE que, como ella misma dijo, es una deuda histórica que no tiene urgencia alguna. Hacer una reforma electoral para echar reversa a la reelección de senadores, diputados y alcaldes, que para nadie más es una prioridad. Ninguna, pues, parece tener más intención que llenar la agenda legislativa de septiembre y retrasar la reforma judicial que implica seleccionar a jueces, magistrados y ministros por elección popular.

¿Está Claudia en contra de la reforma o en contra de que se haga en septiembre? Si atendemos a lo que dijo en campaña está a favor de la reforma. Lo gritó más de una vez con todas sus letras en acalorados mítines. Después de la elección ha insistido en que es un asunto que debe ponderarse y estudiarse con cuidado. Hay dos razones que pueden explicar este cambio de discurso. El primero es un cálculo financiero. Si la reforma se hace en septiembre y provoca una gran volatilidad en los mercados a quien le va a reventar en la cara el globo de la devaluación es a ella, que comenzará su Presidencia en medio de turbulencias. La segunda es política. Hacer la reforma judicial como la plantea el Presidente es entregarle al lopezobradorismo el Poder Judicial, cuando ya tiene absoluto control del Legislativo. Su papel como presidenta quedaría reducido a ser Oficialía de Partes del poder real.

¿Pero no es acaso Sheinbaum parte esencial del obradorismo? Sí, hasta ahora sí. Pero si quiere dejar de serlo, esto es, ser presidenta con pleno ejercicio del poder, tiene que patear lo más que pueda la reforma judicial y hacerla a su modo. Mejor o peor, no lo sabemos, pero a su modo.

Nadie, ni sus más cercanos, saben cómo será la verdadera Claudia presidenta. Lo sabremos quizá en un par de años, cuando haya tomado las riendas del país o claudicado al ejercicio del poder. 

diego.petersen@informador.com.mx

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