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Martes, 18 de Diciembre 2018

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Día de la Raza y danzas

Por: Maya Navarro de Lemus

Día de la Raza y danzas

Día de la Raza y danzas

-“En México, la práctica y los sentidos culturales de la danza han estado íntimamente vinculados con el desarrollo del movimiento político- cultural de la mexicanidad. Renée y Cristina en su libro “Mismos pasos y nuevos caminos” de donde copio este material para explicar como la danza no sólo es una expresión folclórica, sino también una práctica que, debido a su carácter sincrético de resistencia indígena, permite la recuperación de la antigua cultura de los mexicanos. La danza en México formaba parte fundamental del sistema simbólico ritual de los pueblos mesoamericanos. Con un pasado que data de la época prehispánica, fundamentado en las crónicas de los conquistadores y en los códices indígenas. No era un simple bailar, era parte esencial del sistema ritual. Mediante el cual la danza operaba como una manera de establecer relación directa entre el hombre -la sociedad -Dios y la naturaleza: La danza tenía sentido cósmico, porque mediante su práctica representaban el movimiento del universo, y era parte de los rituales “mágicos” y por ello los españoles se empeñaron en prohibirlas por considerarlas idolátricas, aunque para los aztecas era el medio de conseguir los favores de los dioses y considerada como actividad sagrada. En esos tiempos participaban toda la comunidad, no era oculta sino publica, efectuada es espacios sagrados y seculares”-.

-“Los españoles promovieron una estrategia de conquista espiritual mediante la propagación de imágenes y santuarios, para substituir la idolatría por la veneración de imágenes católicas. Los indígenas aparentaban aceptar y practicar el nuevo culto, pero ocultaban tras ellas el significado de sus dioses. La mejor estrategia de los españoles fue este hecho histórico, la milagrosa imagen de la Virgen de Guadalupe, que fue apropiada por los indígenas, como Santa María Tonantzin (que en náhuatl significa madre). Los guerreros bailaban antes de ir a la guerra, danzaban previo a los sacrificios, y en casi todas las fiestas del calendario ritual azteca. Los frailes trataron de substituir por danzas de Moros y Cristianos, representando el triunfo de los españoles y de la catolicidad, sobre los moros. Motolinía fraile y cronista de la Conquista, explica como las iglesias y templos católicos se edificaron en los lugares sagrados de los indígenas y con la misma piedra con la que estuvieron construidos los templos aztecas, llamados: teocallis. El calendario festivo cristiano de la Nueva España se insertó en las fechas de celebraciones nativas vinculadas a los ciclos agrarios. Detrás de los altares escondían sus ‘dioses’ bajo los significados cristianos. Mediante esa estrategia de simulación creyente que la cosmovisión indígena ha logrado resistir y mantenerse vigente, aunque fragmentada e incompleta, hasta hoy”-.

Cristina Gutiérrez Zúñiga y Renée de la Torre.

-“Esto ha mantenido el significado oculto de la religiosidad popular, que inicialmente fue de resistencia, y hoy grupos de “danzantes concheros interpretan como reconquista cultural”. La danza fue colonizada e integrada a la estrategia de conquista evangélica de los españoles, “reconvertida en  danza de conquista”. Los intelectuales de la mexicanidad valoran estas danzas como baluartes de lo azteca-mexica, recuperando el ritual prehispánico. Recientemente la danza fue transformada en conchero-azteca y revalorada por sectores populares como la fuente legitima para recuperar el sentido “azteca”, “pureza del pasado indígena” que ha reculturizado hacia una tendencia indianista, nacionalista, y azteca que rechaza el sincretismo con el catolicismo, con la cultura hispánica y con la cultura moderna occidental”-.

Renée y Cristina, sintetizan: -“Pocas tradiciones, como la danza Conchera, mantienen una conciencia doble de la tradición local y de su proyección global. Pocas tradiciones pueden mirar al pasado para generar el futuro”. Añadiendo, “la danza reescribe la memoria y dibuja el territorio vinculando el espacio presente con el territorio ancestral”-.

Cristina es socióloga por la Universidad Autónoma de México con Maestría en la London School Of Economics and Politicals Science en Londres, Inglaterra. Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Jalisco y se desempeña como Profesora-Investigadora de este recinto zapopano. Participaron ambas en la fundación de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (RIFREM). Renée de la Torre se desempeña como primera representante mexicana ante la Asociación de Cientistas Sociales de Religión de Mercosur y Cristina miembro del Comité Ejecutivo de la revista: Ciencias Sociales y Religión.

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