Lunes, 17 de Enero 2022

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De la derrota moral al resquebrajamiento moral

Por: Diego Petersen

De la derrota moral al resquebrajamiento moral

De la derrota moral al resquebrajamiento moral

La oposición está moralmente derrotada, le encanta repetir al presidente citando a Juárez, quien dijo que la victoria moral de los conservadores era moralmente imposible. Confieso que no entiendo cómo son las victorias y las derrotas morales, lo que queda claro es que la oposición está completamente desactivada, que no tiene candidatos y que cuando se manifiesta, lejos de mejorar su posición frente al electorado se hunde más.

El control político que tiene López Obrador no lo había tenido nadie al menos de Salinas para acá. Tiene mayoría en las cámaras, cuatro ministros nombrados por él en la Suprema Corte, y a los gobernadores de su partido y a los de oposición comiendo de su mano con una mansedumbre nunca vista. En contrapartida, lo que el presidente cada vez controla menos es lo que pasa en su partido y en su círculo cercano.

Paradójicamente el principal afectado por la aniquilación de la oposición es el gobierno. La falta de un contrapeso real ha provocado que florezcan como hongos en la humedad la soberbia y la mezquindad. Los grandes problemas políticos de la gestión lopezobradorista han sido internos: las pugnas entre Irma Eréndira Sandoval y Félix Salgado Macedonio; Olga Sánchez Cordero y Julio Scherer; Santiago Nieto y Alejandro Gertz; Yeidckol Polevnsky y Alfonso Ramírez Cuellar; Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, por citar solo los más conocidos, han terminado por debilitar al gobierno mucho más de lo que ha lo hecho las acciones de la oposición. A lo más que llegan los opositores es a celebrar y difundir el escándalo, pero ni siquiera han sido capaces de armar uno.

Ante la falta de una oposición real que sirva como elemento de cohesión y ante un escenario de sucesión adelantada, López Obrador ha intentado construir a los medios de comunicación como sus opositores. Pero, por más que algunos de los duros en redes sociales compren el discurso de los medios como los malos de la película, lo cierto es que ante la falta de enemigos de verdad todos los escándalos han tenido como origen el fuego amigo, las filtraciones y las acusaciones internas. Ya no son los pequeños golpes debajo de la mesa para ganar la mirada del líder, típicos de cualquier grupo gobernante, sino verdaderos cañonazos en medio de una lucha fratricida que han terminado por evidenciar una gran corrupción en los alrededores de Palacio.

Pasamos, pues, de una oposición moralmente derrotada al resquebrajamiento moral del grupo en el poder. Esa es hoy la principal debilidad y amenaza para la continuidad del proyecto del presidente. 

diego.petersen@informador.com.mx
 

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