Lunes, 10 de Mayo 2021

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De Gerónimo Prigione a Franco Coppola

Por: Jaime Barrera

De Gerónimo Prigione a Franco Coppola

De Gerónimo Prigione a Franco Coppola

Gerónimo Prigione y Franco Coppola, ambos como representantes del Papa en México, en distintos momentos vivieron de frente el poder corruptor y de fuego del narco en México.

Entre uno y otro han pasado 28 años ya, pero en nuestro país lejos de detener la infiltración de las mafias en la dinámica social, su presencia no sólo gana cada vez más espacios en gobiernos, policías y la iniciativa privada, sino también avanza su arraigo en comunidades que les dan protección y cabida, hasta que terminan en territorios fallidos, como los que visitó Coppola el fin de semana.

Al nuncio apostólico Prigione le tocó nada menos y nada más que el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo aquel miércoles 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara. De hecho el cardenal acudió al aeropuerto a recoger al nuncio que lo acompañaría a la inauguración de una mueblería. En la cobertura de aquella balacera, que la versión oficial atribuyó a un enfrentamiento entre la banda de los Arellano Félix, del cártel de Tijuana, y de Joaquín “El Chapo” Guzmán, en medio de la cual acribillaron al religioso por, según ellos, haberlo confundido con el líder del cártel de Sinaloa, me tocó entrevistar a Prigione, quien sorpresivamente apareció en las puertas del aeropuerto precedente de la Ciudad de México y tuve que darle la noticia, en medio del caos, que el cardenal que lo esperaba había sido asesinado en cuanto llegó al estacionamiento de la terminal aérea. Con todas las secuelas que vinieron luego de este magnicidio, al nuncio le quedaron claros los muchos episodios de narco-política que ya existían desde entonces, porque incluso algunos lo involucraron a él mismo, como cuando habría recibido a los Arellano en la nunciatura meses después del crimen del cardenal para alegar su inocencia.

Menos circunstancial y con mucho más intencionalidad y labor apostólica, fue el acercamiento con las atrocidades del narco que tuvo el nuncio actual, Franco Coppola, con la visita que hizo el fin de semana a Apatzingán, El Aguaje y Aguililla, territorio fallido del vecino estado de Michoacán que por décadas ha estado en manos del crimen organizado, y que en los últimos años ha degenerado en una sangrienta disputa entre el cártel de la Familia Michoacana y el Cártel Jalisco Nueva Generación, cuyo líder Nemesio Oseguera, “El Mencho”, es oriundo de Aguililla.

Conocedor de la historia de corrupción detrás de las mafias de su natal Italia, y a quien poco después de su llegada a México a mediados del sexenio del priista Enrique Peña Nieto, un emisario del gobierno le planteó que no era conveniente para el país que hablara tanto del problema de la delincuencia organizada en México “porque ahuyentaba inversiones y turistas”, Coppola decidió acudir a esa conflictiva zona tras ver las cruentas imágenes que dejaron las masacres ocurridas las últimas semanas en el eje Apatzingán-El Aguaje-Aguililla en el corazón de la tierra caliente michoacana.

Ahí el Nuncio dio ejemplo de que la iglesia debe estar cerca de los abandonados y llamó a la conversión a delincuentes y narcos para empezar a solucionar la crisis humanitaria que se vive en esa zona y que no resuelve ni el gobierno federal, ni el estatal y menos los municipales. Ahí Coppola confirmó también dos convicciones: 1.- Que como en Italia, en México también la mafia florece donde el Estado está ausente, y 2.- Que sigue sin entender cómo pese al generalizado problema del control territorial de las mafias en México el tema esté tan ausente de la conversación oficial y pública. Y tiene toda la razón. 

jbarrera4r@gmail.com

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