Martes, 02 de Junio 2020
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Cuando todo falla…

Por: Diego Petersen

Cuando todo falla…

Cuando todo falla…

“Hay que cuidar al Ejército. Que no se utilice para suplir las incapacidades de los gobiernos civiles”. Lo dijo Andrés Manuel, no el que ahora es presidente, sino el otro, aquel que acusaba a los gobiernos de sacar al Ejército a las calles y se preocupaba, al menos en el discurso, por los derechos humanos. Pero el Andrés Manuel de hoy, el presidente, no escucha a nadie, ni siquiera a ese otro yo que advertía el riesgo de la militarización del país. El decreto que permite el uso de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública emitido ayer es una pésima noticia, pues sintetiza el fracaso de la estrategia de seguridad planteada por el gobierno federal y cuyo componente único era la creación de la Guardia Nacional.

Cuando a principios del año pasado se discutía la creación de la Guardia Nacional, los expertos en seguridad señalaron con toda claridad y puntualidad que no era suficiente, que crear un nuevo cuerpo policíaco no era una estrategia. La respuesta de las autoridades, particularmente del secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, fue que la estrategia -conocida coloquialmente como “abrazos no balazos”-, además de la Guardia Nacional, incluía la abolición (por decreto) de la corrupción y la operación de nuevos programas sociales que quitarían la base social al crimen organizado. Se cumplieron los plazos sin que llegaran los resultados, se ampliaron los plazos y la seguridad sigue ahí. Está estable, dicen, pero se estacionó en la punta más alta de la historia. La Guardia Nacional no termina de nacer, entre otras cosas porque no le han permitido destetarse de las Fuerzas Armadas. El Ejército es pueblo uniformado, dice el presidente en defensa de su decisión de formar con ellos el cuerpo policíaco, y en la práctica la Guardia Nacional no es sino Ejército disfrazado. El decreto del presidente es el reconocimiento del fracaso de la estrategia de seguridad, pero en lugar de, otra vez, escuchar a los que saben, la respuesta es una militarización no parecida sino idéntica a la tan criticada por los morenistas de los sexenios anteriores: el presidente está haciendo lo mismo que hizo el tan criticado Calderón y aplicando en la práctica la Ley de Seguridad Pública que sus correligionarios le negaron -no sin razón- a Peña Nieto. Nunca como ahora -ni siquiera en los gobiernos llamados neoliberales- habíamos visto tantos efectivos militares en las calles (de acuerdo con una solicitud de información realizada por El Economista son casi 63 mil). Y vienen más.

Sí, ya sé que no son iguales, que les arde que se les compare con los anteriores, dice el presidente, pero la peor comparación, de la que sale más mal librado, es la del López Obrador consigo mismo. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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