Jueves, 09 de Octubre 2025

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¿Cuál tipo de liderazgo queremos?

Por: Sergio Aguirre

¿Cuál tipo de liderazgo queremos?

¿Cuál tipo de liderazgo queremos?

Hoy comienzan de forma oficial las campañas. Así es. Aunque no se crea. Porque finalmente los candidatos van a poder pedir el voto a su favor. Sí. Los antes dizque precandidatos van a poder solicitar el ingrediente fundamental en una democracia. Pero de forma ya literal. Porque los cuatro presidenciables, y también los demás para todos los cargos, sólo se han hecho patos. Bajo una perspectiva gramatical, según eso nunca han sido candidatos, al evitar decir a conveniencia, tal o cuales palabras como si fueran malditas o satánicas. Y junto con un Instituto Nacional Electoral (INE) en su última versión, modificado junto a sus reglas por caprichos, y casi en cada elección desde su adquisición de autoridad constitucional; se ha logrado cada vez más obtener menos orden, con más leyes. Pero al fin, ¡ya tenemos candidatos!

Y los presidenciables parecen marcar de acuerdo a sus discursos, historia y propuesta, una disyuntiva muy profunda. Muy mexicana, y muy latinoamericana. Se debe de aceptar. Nuestra historia nos lo ha demostrado. A veces, ha sido necesario un mandón único personificado (Juárez, Porfirio Díaz) o de partido (PRI casi homogéneo), para avanzar. La democracia, desde la óptica de historia de la lucha por el poder es prescindible. ¿Poder sin democracia? Por supuesto puede ocurrir. Gente con una inteligencia admirable, me han dicho cosas como la necesidad de un Franco, un Pinochet o un Fidel Castro para poner en orden al país aunque se sacrifique la libertad. O sobre la conveniencia de permitir la reelección en México para facilitar el arribo del caudillo redentor. El gen autoritario vive en los mexicanos.

¿Cuál tipo de liderazgo queremos? Es la disyuntiva. ¿Uno limitado o uno ilimitado? Mandar guiando o guiando mandando. Esa será nuestra decisión. El poder cuando es limitado, lo es por el Derecho, vía en primer lugar por la Constitución y luego por la ley. Así, además de dividir el poder, los contiene garantizando con ello, la libertad de la población. En un régimen de poder ilimitado, también existe una Constitución y la Ley. Pero ocurre una simulación. Hay formalmente tres poderes y demás órganos constitucionales ejecutivos autónomos y leyes de contención. Sin embargo, en realidad el Presidente manda en los tres poderes y todas las demás agencias y niveles de Gobierno. La ley es aplicada de forma siempre arbitraria, minando con ello la libertad y la seguridad jurídica. Y ojo. Como ya se adelantó, tiene sus ventajas. Y aparte a muchos mexicanos les gusta —es la realidad, no una apología— la idea de un gobierno autoritario, para de una vez por todas terminar con todos los males del país, así sea a la mala.

Alguna vez en una conversación escuché a una persona, también con buenas luces, afirmar el fatalismo autoritario en México y Latinoamérica. Por más que lo intentemos, nunca lograremos una democracia permanente, estable. Siempre los intentos democráticos sólo llegarán a eso, intentos. Por más pesimista que sea dicha postura, nos sentimos más a gusto bajo un régimen autoritario. En su opinión (se vale estar de acuerdo o en contra), el gen antidemocrático siempre al final del día ganará.

¿Le hacemos caso a nuestro pérfido gen en esta elección?

 (sergio@aguirre-consultores.com.mx  /  Twitter:@seraguirre) 

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