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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Charada universitaria

Por: Armando González Escoto

Charada universitaria

Charada universitaria

De pronto una balacera en el campus de la UNAM se convierte en una charada no verbal sino situacional. El hecho pista es la balacera como tal, pero ¿cuáles son los demás sucesos que completarían una visión amplia y objetiva de lo ocurrido?

Algún célebre cartonista publicó hace unos años una caricatura donde un norteamericano le decía a un mexicano “narcotraficante”, de inmediato el mexicano le respondía “mariguano”. El tema ha sido recurrente, los gobiernos en cuyos países se cultivan enervantes afirman que tal producción no se daría si no hubiese un mercado tan grande y tan adicto como lo es el norteamericano, y así se la llevan en una especie de carrera entre narcos y “motos”.

Lo ocurrido en la universidad no es sino parte de la misma historia. Si hay consumo, hay oferta, y que mejor servicio que ofrecerla justamente en las aulas. Ahora bien, donde quiera que hay mercado hay competencia, así lo estipulan las leyes del capitalismo, así lo hemos vivido en todo lo que va del siglo XXI, luchas, combates, guerras de mercados que han permitido a más de alguna autoridad declarar con solemne distancia que la violencia en México es entre cárteles, no entre ciudadanos comunes y corrientes, y que nadie debe preocuparse por el tema, a menos que ande en el negocio. Falsa apreciación, toda vez que los competidores, o carecen de reglas o no las respetan, esto en el entendido de que una regla estableciera: si te vas a balear con tus contrincantes, hazlo en lugares donde no haya inocentes ciudadanos que no tienen nada que ver con tus asuntos.

Sería de enorme interés para todos el que una institución tan respetable como la UNAM, y el resto de universidades del país, realizaran y publicaran un estudio profundo sobre las adicciones en estas instituciones, sus causas, sus efectos, el número de consumidores, tanto alumnos como maestros, los precios que se manejan, las acciones o las omisiones que favorecen el tráfico intra muros, y el impacto que sobre este fenómeno tiene la actual polémica sobre si mariguana sí o si mariguana no, como punto de partida para analizar el consumo de otros enervantes hoy tan difundido.

De igual interés resultaría conocer hasta qué punto los consumidores son conscientes del alto precio que cuesta su adicción en violencia, en inseguridad crónica, en explotación de productores y despachadores, en crímenes al por mayor, en deterioro de la salud, en desgarramiento del tejido social. A estas investigaciones habría que añadir los programas que las universidades desarrollan para prevenir las adicciones y con qué resultados.

El otro campo de investigación tendría que ver con el deslinde entre los adictos por placer y aquellos que lo hacen por la necesidad de sobrevivir a condiciones de vida deplorables o a largas jornadas de trabajo, unos, y otros, expresión viva de un sistema social, cultural, económico y político que no está funcionando, pero frente al cual la autoridad no se considera responsable. Finalmente sigue resultando absurdo que el consumo de enervantes sea un derecho, pero su comercialización sea ilícita, entonces ¿cómo consiguen la droga quienes lícitamente la usan?

YR

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