Domingo, 05 de Julio 2020
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COVID-19 y el conteo de todas las muertes

Por: Mario Luis Fuentes

COVID-19 y el conteo de todas las muertes

COVID-19 y el conteo de todas las muertes

México es un territorio donde la muerte es una realidad espantosa que nos determina y cuestiona en todos los ámbitos de la vida colectiva; pero, sobre todo, las tendencias y magnitud que tiene la mortandad en nuestro país ponen en severa tensión el modelo y estilo de desarrollo que se ha implementado en los últimos 30 años, el cual no es independiente de la acción y lógica política que ha imperado en el territorio nacional.

La amenaza epidémica que hoy enfrentamos, se inserta en esta compleja realidad de tristeza y violencia que todo inunda: asesinatos, masacres y fosas clandestinas, al lado de feminicidios, violencia en los hogares, pobreza y empleo precario, todos factores que, entre otros, conducen a las personas a un callejón sin salida de consumo, también precario y de tan mala calidad, que le cuesta la vida a cientos de miles de personas, por causas que no deberían existir, al menos no en la cantidad en que lo hacen en nuestros días. 

De acuerdo con las estadísticas sobre mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el año 2018 fallecieron 722,611 personas en nuestro país. De esa suma, 395,944, es decir, el 54.8% del total, se concentraron en 6 causas, de las cuales, sólo la relativa a la influenza y la neumonía corresponde a la categoría de las enfermedades transmisibles; mientras que las otras cinco, las más numerosas, se catalogan como enfermedades no transmisibles.

Sabemos que podría haber hasta 30 mil fallecimientos por el COVID-19; esto la convertiría en la quinta o sexta causa de muerte en el país; y más allá de la relevancia que esto tiene, debe comprenderse que dadas las comorbilidades que se registran en la mayoría de las personas que fallecen, nuevamente es la pobreza, la mala alimentación, a la par de un inexistente sistema de protección y seguridad social universal de calidad, lo que está provocando el deceso de miles de personas que no debieron morir.

Por ello, es urgente replantear cuáles son los objetivos y prioridades de la Política Social; y asumir que el combate a la pobreza es sólo uno de los componentes que deben llevarnos a prevenir y reducir al mínimo las tendencias de mortalidad evitable que caracterizan al panorama social y epidemiológico de nuestro país.

La urgencia de evitar que el sistema de salud colapsara en su capacidad de atención hospitalaria, nos ha colocado en una circunstancia límite en la que las otras epidemias han perdido visibilidad y carácter prioritario; pero esto no puede mantenerse así por mucho tiempo, porque son precisamente la hipertensión, la diabetes y la obesidad las que están llevando a la tumba a la mayoría de quienes pierden la vida al contagiarse con el nuevo coronavirus.

No es la primera vez en que, cuando se creía que no podía caber más dolor y desesperación en México, nos golpea una emergencia sanitaria que provocará una dura emergencia económica, que amenaza con llevar a la pobreza a millones, y a profundizar la vulnerabilidad de otros tantos.

México no puede ser el territorio propicio para que la maldad y el sadismo del crimen organizado sigan campeando; para que la desigualdad entre mujeres y hombres continúe sin un cambio radical; para que las niñas y niños sean violentados y relegados a un segundo plano en las estrategias del desarrollo; y para que solo unos cuantos tengan acceso al bienestar y la riqueza. En definitiva, la antigua normalidad no puede seguir siendo la “nueva”, pero ahora administrada en menores dosis y en pausas temporales.

La realidad de la pandemia nos debe conducir a una reflexión profunda sobre el proyecto de país que queremos ser. Y en el modelo presidencialista que aún prevalece, sólo el Ejecutivo cuenta con los recursos y capacidades para convocar y dirigir a la nación hacia un nuevo destino; pero ello requiere templanza, serenidad de ánimo, y una profunda convicción democrática para el consenso y el diálogo abierto y permanente de todas y todos los actores políticos relevantes en el país; y no hay más tiempo; o se construyen ahora, o nuestro futuro estará nuevamente comprometido e hipotecado.
 

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