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Domingo, 16 de Diciembre 2018

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Bicicletas: la constancia como herramienta

Por: Juan Palomar

Bicicletas: la constancia como herramienta

Bicicletas: la constancia como herramienta

No son pocas las dificultades que los esfuerzos para dar plena vigencia a la bicicleta en Guadalajara ha debido de enfrentar. Pero quizá el principal se refiera a una larga primacía del automóvil como actor dominante en las calles citadinas. Esto tiene que ver con la costumbre de décadas que fue afianzándose en la mentalidad de la población de ceder “naturalmente” la mayoría de los espacios públicos, constituida por las calles, al uso y al tráfico automotor.

Es necesario recapitular al respecto. Desde el origen de las ciudades se distinguió claramente el espacio privado, ámbito particular de los ciudadanos, de los espacios públicos, a los que la comunidad en general tenía acceso y en donde los intercambios y muchas de las actividades sociales tenían lugar. Lo anterior se remonta incluso a las épocas en las que aún no existía el tráfico rodado en las vías públicas: la calle fue, en su esencia, el ámbito en el que existía la posibilidad del encuentro, el tránsito peatonal, el comercio y, sobre todo, el ámbito en el que una comunidad se reconocía y tomaba conciencia de sí misma.

Gradualmente, con la introducción de los vehículos de tiro, y muchos siglos después con la aparición del automóvil, las calles fueron segregadas: una fracción cada vez más amplia fue ocupada para dar cabida al tráfico automotor y lugares cada vez más limitados, en muchos casos residuales, quedaron como espacios destinados al peatón. Ante la crisis experimentada por este modelo, que conlleva un deterioro de los espacios comunes y del medio ambiente en general, ha existido desde hace tiempo la alternativa de la bicicleta. Para ello, muchas ciudades han intentado, y muchas con éxito, impulsar esta modalidad de transporte.

Como bien se sabe, la bicicleta otorga al usuario una razonable independencia, una gran flexibilidad, un medio de locomoción libre de emisiones contaminantes y un uso muy moderado de los espacios que a toda la comunidad pertenecen. Además, la práctica ciclista tiene muy positivos efectos sobre la salud. Nuestro contexto, en particular, ofrece de por sí condiciones favorables para el uso de la bicicleta: una climatología en general benigna, una condición topográfica en su gran mayoría practicable, y un trazo viario que permite la coexistencia de los diversos medios de transporte.

Más allá de los meritorios esfuerzos oficiales y las infraestructuras para estimular el uso de la bicicleta, existen resistencias, dificultades y peligros que es necesario limitar y aun erradicar. La principal herramienta es el convencimiento de cada vez más amplias franjas de la población sobre las bondades de esta alternativa. Cada ciudadano que opta por el uso de la bicicleta (que conlleva en sí mismo el uso multimodal del transporte) colabora, en su escala pero significativamente, a propiciar condiciones de vida urbana más adecuadas a toda la comunidad. Gradualmente, y sobre todo entre los jóvenes, esta noción se ha venido afianzando. Pero se trata de un esfuerzo que debe tener continuidad, decidido apoyo oficial y, sobre todo, un consenso social que lo siga haciendo posible, y fructífero en beneficio de todos.

jpalomar@informador.com.mx

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