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Viernes, 17 de Agosto 2018

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Bajar impuestos

Por: Sergio Aguirre

Bajar impuestos

Bajar impuestos

El proyecto del presidente norteamericano, Donad Trump, de reducir su impuesto al ingreso, —nuestro Impuesto sobre la Renta (ISR)—, junto con otras cosas, va caminando en el Congreso gringo. De hecho dicha reforma se prevé en caso de aprobarse, tal como parece ocurrirá, como su primer éxito legislativo. Y lo será porque a diferencia de sus otras propuestas, ésta sí es inteligente. Bajar los impuestos si bien en principio o al arranque puede generar un déficit presupuestario, a corto plazo termina por incrementar la recaudación y por remontar dicho déficit inicial. 

Imagine un exquisito pastel de chocolate cuyo peso es de 2 kilos con un diámetro de 20 centímetros. Partiéndolo en partes iguales asumamos alcanza para 10 porciones de 200 gramos cada una. Pensemos al fisco le corresponden 5 porciones, es decir 1 kilo. En cambio, si el pastel es de 6 kilos, y se divide igual en 10, cada una será de 600 gramos. Pero aquí al gobierno le tocan solo 2 porciones en lugar de 5 (osea menos impuestos). En éste caso le tocaría un kilo con 200 gramos. Algo así ocurre al bajar los impuestos. Al hacerlo y liberar recursos como consecuencia de ello, quedan disponibles para mayor inversión, ahorro y consumo, amén de atraer mayor inversión del exterior y hacer más atractiva la incorporación al sector formal de la economía. Así, las transacciones se incrementan (aumenta el crecimiento económico) y el fisco acaba recaudando más. Y conforme el pastel vaya creciendo, la recaudación medida en pesos, aumenta.

A muy grandes rasgos y simplificando en exceso, si prospera la iniciativa de Trump, bajará el impuesto corporativo de un 35 a un 20% y para las personas físicas a un 35% desde casi 40 pero aumentando radicalmente las deducciones. En México —de nuevo simplificando en exceso— nos quedaremos en un 30% de impuesto a las empresas y uno máximo de un 35% para las personas físicas, porcentajes afectos a aumentar en algunas circunstancias hasta casi un 50% como es el caso de dividendos.

¿Cómo reaccionar ante dicho escenario? Lo ideal sería aprovechar la circunstancia para concretar un sistema fiscal de base cero (va mucho más allá del fallido presupuesto base cero peñanietista) ya antes descrito en este espacio (https://goo.gl/YDcHdk), lo cual incluye la disminución del ISR lo más posible. Y el aumento solo lo muy necesario y de entrada vía la generalización paulatina al Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo cual ayudaría a mitigar el déficit inicial por disminuir el impuesto al ingreso mexicano y de paso a robustecer al gravamen. Tarea pospuesta desde hace años solo por su inconveniencia política...

Pero el realismo se impone más aún conociendo a nuestros legisladores. Para efectos prácticos no los tendremos sino hasta después de las elecciones. Si bien no nos conviene copiarles sus formas, porque nuestros números y momentos son diferentes a los norteamericanos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. A pesar del año electoral, sería una irresponsabilidad. Pero Peña Nieto sí puede hacer algo, o mucho. 

Vía sus facultades reglamentarias, pasando por las omnipresentes misceláneas fiscales y de comercio exterior, y otros instrumentos, puede ir respondiendo a las reformas gringas según vayan pasando. Adivinando y marcando de paso la próxima e ineludible reforma tributaria integral, y quizá de todo el sistema. 

Un demasiado y serio problema. La Secretaría de Hacienda anda en otro y muy lejano canal. La casa está en orden, dice. Y parece también: adiós.

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