Jueves, 09 de Octubre 2025

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Atados al mismo cabo

Por: Diego Petersen

Atados al mismo cabo

Atados al mismo cabo

No hay Transformación (cuarta, quinta o sexta) ni refundación posible si no logramos atajar el tema de la seguridad en el Estado y en el país. El destino del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, y el del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, están paradójicamente atados al mismo cabo: la inseguridad. Ni el combate a la corrupción que presume el presidente ni la eficiencia y eficacia gubernamental de la que se ufana el gobernador de Jalisco tendrán la menor trascendencia si el problema de seguridad pública sigue en niveles históricos.

Cuesta trabajo entender el discurso del gobernador Alfaro festejando, con prudencia, pero festejando, la reducción de homicidios de un mes a otro cuando los cadáveres brotan como hierba en tiempo de aguas en las fosas comunes en la zona metropolitana de Guadalajara. No hay ninguna razón para dudar de las cifras, en agosto se registraron 20 asesinatos dolosos menos que en julio y 31 menos que en junio, pero solo los 29 cadáveres encontrados en La Primavera a principios de este mes auguran un repunte en la cifra. Esto es, no se pueden hacer evaluaciones, mucho menos mostrarlas como resultados positivos, en periodos tan cortos de tiempo. Un dato más certero es la suma de asesinatos violentos acumulados de enero a agosto que, en la comparativa 2018-2019, es 22 por ciento mayor en Jalisco y cuatro por ciento a nivel nacional.

Los datos mensuales nos sirven para ver tendencias, no para evaluar a una estrategia

La urgencia por dar y mostrar resultados nos puede llevar no sólo al pernicioso combate estadístico de la delincuencia sino a un discurso contradictorio y, peor aún, a tomar decisiones aceleradas. ¿Cuánto tiempo debe mantenerse una estrategia antes de decidir si es correcta?; ¿Con qué parámetros evaluamos a los funcionarios de seguridad? En estos momentos, podemos estar ciertos, la inseguridad depende más de quienes la ejercen que de quienes la combaten. Tristemente las instituciones de seguridad nacionales y locales, que están en pleno proceso de transformación, no hacen la diferencia; la Guardia Nacional, con todos sus defectos, y a la Policía Metropolitana con su vacíos e indefiniciones, están demasiado verdes como para someterlas a una evaluación o para responsabilizarlas de los resultados. Atribuir la baja en homicidios los esfuerzos de coordinación y a las estrategias recientes corre el riesgo de que, ante cualquier rebote, nunca deseable pero siempre posible, pongan en duda las políticas antes de que hayan siquiera madurado.

Los datos mensuales nos sirven para ver tendencias, no para evaluar a una estrategia, menos aún a un gobierno. Es difícil, pero si de verdad queremos un cambio en materia de seguridad tenemos que acostumbrarnos, gobierno y sociedad, a pensar en plazos más largos y a entender que todos estamos atados al mismo cabo.

(diego.petersen@informador.com.mx)
 

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