Lunes, 16 de Mayo 2022

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Asesinar periodistas mata la democracia

Por: Diego Petersen

Asesinar periodistas mata la democracia

Asesinar periodistas mata la democracia

Enero ha sido un mes fatídico para el periodismo. Tres periodistas asesinados en tres semanas, uno en Veracruz, José Luis Gamboa, director y propietario de un medio digital, y dos en Tijuana, el fotoperiodista Margarito Esquivel y la reportera Lourdes Maldonado. ¿Qué tienen en común estos tres asesinatos? Todo y nada. Son hechos distintos que no están vinculados ni por el asesino, ni por el móvil, ni por el tipo de arma. Lo que los une es la impunidad.

Decir que México es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo es una realidad si lo medimos por el número de periodistas que son asesinados cada año. En los últimos 15, los sexenios de Calderón, Peña Nieto y lo que va del de López Obrador han sido asesinados 146 periodistas y 17 más han sido víctimas de desaparición, de acuerdo con reportes de la asociación civil Propuesta Cívica.

El fenómeno es nacional. Salvo Baja California Sur y Nayarit, en el resto de los estados hay al menos un caso, pero son los estados del centro del país (Cdmx, Estado de México, Morelos, Guerrero, Veracruz y Puebla) junto con los fronterizos (Coahuila, Sonora y Chiapas en el sur) los que concentran la violencia contra periodistas. Otra vez de acuerdo con Propuesta Cívica se puede establecer que en 42 casos el motivo del asesinato tiene que ver con la defensa de derechos humanos y en otros 68 la libertad de expresión.

Si bien es cierto que no se trata de crímenes orquestados desde el Estado, como fue por ejemplo el caso de Manuel Buendía, ni de una política sistemática para silenciar periodistas, también es cierto que la mayoría de estos casos han quedado impunes y que éstos se dan en territorios donde existe un control territorial del crimen organizado en la mayoría de los casos con complicidad con autoridades locales.

Cada que se mata a un periodista, a un activista, a un inconforme, cada que una voz crítica desaparece, perdemos un pedazo de democracia

La mayoría de los gobiernos en México, pasados y actuales, consideran que la libertad de expresión es una graciosa concesión del Estado a sus ciudadanos. Frases como “somos tolerantes” o, “en este gobierno se acepta la crítica” o “nosotros no reprimimos” no son sino reflejos de un Estado que no termina de asimilar que las libertades las tutela, no las otorga el gobierno, y no quieren entender la cabal relación entre libertad de expresión y democracia. Mientras no se investigue y se castigue los asesinatos de periodistas, no solo de los más destacados y famosos, sino de todos y cada uno de ellos, en cada rincón del país, perdemos todos.

Cada que se mata a un periodista, a un activista, a un inconforme, cada que una voz crítica desaparece, perdemos un pedazo de democracia. 

diego.petersen@informador.com.mx
 

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