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Jueves, 13 de Diciembre 2018

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Aniversario falaz

Por: Luis Ernesto Salomón

En un año, el Gobierno de Trump ha cambiado los términos de la relación bilateral con México y la ha convertido, directa o indirectamente, en un tema de la agenda política interior de su país. Esta es una realidad que nos obliga a actuar en aquel ámbito para defender los intereses mexicanos.

La maquinaria propagandística de la administración de Trump se ha esforzado por cambiar la percepción de México, desde un país amigo, principal socio comercial emergente, destino turístico atractivo, aliado estratégico en seguridad nacional y líder en la región latinoamericana, para espetar que somos el país más peligroso, una amenaza a la seguridad nacional, un gran depósito de drogas, con gobiernos que se han aprovechado indebidamente de la buena fe de los norteamericanos, y que por ello debemos pagar por levantar un muro para “proteger al indefenso pueblo” de la amenaza de una invasión de malosos morenos que desplaza a los buenos blancos, porque el nuevo Gobierno estadounidense debe actuar con firmeza dentro porque las administraciones anteriores fueron débiles y complacientes.

Con esa narrativa logró el respaldo de una buena parte de los conservadores y ha intentado imponerla con fuerza. Ahí se enmarca el muro, la salida del TLCAN, el fortalecimiento de la acción de las agencias en la frontera, la cancelación del programa DACA que protegía los dreamers, en su inmensa mayoría mexicanos y salvadoreños; como también una acción política que incluye la radicalización de los republicanos de los estados fronterizos, como el caso del respaldo al ex Sheriff Arpaio, a quién perdonó el propio presidente después de ser condenado por desacato, y quién se presentará como candidato al senado.

Aunque México ha construido mal que bien una narrativa propia, no ha sido fácil difundirla allá y es aún más complicado hacerla efectiva. Por eso el único camino es trabajar con los aliados afectados por las acciones derivadas de esta visión falaz. Por fortuna no son pocos, ni son débiles, y entre ellos destacan:  la comunidad mexicoamericana que reside allá y que tiene una fuerza social y política creciente; la fuerza económica que hace negocios en México; los grupos de académicos y las organizaciones liberales que luchan por la igualdad civil; y las fracciones más abiertas de los demócratas.

Para México, es esencial demostrar a los propios norteamericanos que la narrativa política de Trump es una falacia populista sin sustento, encaminada solamente a aglutinar votos. Para ello la acción indirecta de la mano de nuestros aliados allá resulta crucial en los próximos meses. En medio de la campaña electoral que se avecina aquí hay que tomar en cuenta que durante la misma y en el proceso de transición, el gobierno y quién gane la elección tendrán que actuar, desde el primer momento con eficacia para difundir la narrativa mexicana, de la mano de los intereses ahora aliados en la política de los Estados Unidos, porque de la elección intermedia de noviembre próximo. La elección intermedia de noviembre próximo será una prueba para la narrativa falaz de Trump, y de sus resultados dependerá en gran medida la relación bilateral.

La atención a los asuntos de los mexicanos en Estados Unidos, de las empresas mexicanas que trabajan allá, el cuidado de la imagen de México y la promoción de nuestros intereses deberá ser una prioridad estratégica para el fin de esta administración y sobre todo para próximo gobierno. Exigirá un gran esfuerzo diplomático y un enorme conocimiento de la realidad norteamericana para actuar con eficacia sin caer en provocaciones.

Ahora los mexicanos seremos mucho más activos allá y por ende los estadounidenses serán aún más activos aquí. Un año después, los hechos demuestran que somos  y seremos más interdependientes, económica, social y políticamente.

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