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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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Adiós al bono demográfico

Por: Jacques Rogozinski

Adiós al bono demográfico

Adiós al bono demográfico

Se acabó el bono demográfico. Así como lo leen. No se ha acabado la población joven en edad para trabajar, pero no se han superado las condiciones socioeconómicas que permitirían a México ocupar este bono para acelerar el crecimiento económico. El Fondo de Población de Naciones Unidas dice que el bono demográfico es el potencial de crecimiento que resulta de los cambios en la estructura de edad de la población en edad de trabajar, entre 15 y 64 años. Si fuera únicamente un tema de números, le quedan a México dos décadas para que este bono desaparezca.

Los beneficios del bono no se dan en automático, sino que deben ir acompañados de ciertas características que dudo se puedan conseguir en un futuro próximo. Me concentraré en dos de ellas: ahorro interno y educación. En lo que respecta al ahorro, este no es suficiente para apoyar al bono demográfico. La excusa que dan los expertos es que el PIB per cápita es bajo. Lo mismo dicen de los salarios; no se puede ahorrar dado que las personas tienen ingresos de subsistencia. El ahorro interno de México es alrededor de 22% del PIB. Si comparamos este con el ahorro que en China han tenido por décadas, nos podemos dar cuenta que con menores salarios y PIB per cápita, existe una gran distancia. En China durante muchos años el ahorro representó 50% del PIB, siendo en la actualidad 47%; más del doble que en México. El ahorro no es obligatorio. La cultura influye.

El segundo elemento es la educación. Con o sin reforma la educación en México no tiene las características que se requieren para tener una población joven preparada y competitiva. Nuestro sistema educativo sigue estando más cerca de los modelos educativos del siglo pasado que del siglo 21. Permítanme ponerles un ejemplo: en muchas escuelas públicas y privadas en Estados Unidos se enseña a los niños a programar desde primer grado de primaria. He visto alumnos que en quinto año ya pueden programar con sofisticación, por ejemplo, dando instrucciones a drones. Ni qué decir de la educación en China. Según The Economist, en artículos indexados sobre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, las publicaciones de científicos chinos aumentaron de 4% a 19% de 2000 a 2016.

Es claro, por las estadísticas de evaluación más sencillas, que el panorama de México no es positivo. En la actualidad los entornos de trabajo requieren mucho más que habilidades de pensamiento y conocimiento del contenido. La complejidad de navegar por los ininteligibles entornos en la era de la información globalmente competitiva, requiere que los estudiantes presten atención rigurosa al desarrollo de habilidades adecuadas para la vida y sus carreras. En México todavía estamos enseñando a conducir mientras en otros países están enseñando a programar vehículos autónomos.

A esto sumemos que el número de población dependiente va subiendo. Según cálculos del FMI, el déficit federal de pensiones subirá de 1.5% en 2010 a 2.0% en 2020 y para 2030 México tendrá que gastar 2.8% de su PIB en pensiones. En los próximos años habrá más personas de la tercera edad que el sistema de pensiones no podrá sostener. También habrá mayor presión sobre el sistema de salud.

Una de nuestras grandes limitaciones como sociedad es nuestra baja capacidad para pensar y planificar estratégicamente:  lo que en un momento fue una oportunidad, al ser incapaces de haber planificado a largo plazo (como sucede en otros países), ahora es un problema difícil de revertir y sobre todo una gran oportunidad perdida.

Esta columna reaparecerá el 14 de enero 2019. 

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