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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Ideas |

“Académicos” como el Tío Lolo

Por: José M. Murià

“Académicos” como el Tío Lolo

“Académicos” como el Tío Lolo

Los nacidos antes de 1950 tenemos muy presente lo difícil que resultaba dedicarse profesionalmente a la investigación, cualquiera que fuese el área de estudio. Si no se disponía de recursos propios que no requiriesen mayor atención, por lo general operaba el principio aquel de “cuando tengo pan no tengo tiempo y viceversa”.

No fue el mío un caso excepcional: una vez egresado de El Colegio de México e inmerso ya en la vida cotidiana habitual, que implicaba alguna boca extra que mantener, tenía que restarle horas al sueño y a la diversión con la familia. Así se desarrolló la primera parte de mi carrera académica: muchas horas de clase, poco tiempo para preparar la docencia y menos aún para rascar papel y leer sobre los temas de interés…

En consecuencia, cuando al mediar el sexenio del tan vituperado -creo que exageradamente- Luis Echeverría, la situación dio un gran vuelco. Se incrementaron notablemente los salarios y en ciertas instituciones se crearon muchas plazas de investigadores de tiempo completo. ¡Fue como un sueño poder vivir, aunque mesuradamente, de la búsqueda de nuevos conocimientos y de escribir sobre ellos!

Quizá fue un error que en las instituciones beneficiadas, quienes no eran considerados académicos, conservaron durante mucho tiempo sus salarios de hambre, por lo que fue inevitable que se recurriera a todas las triquiñuelas posibles para convertirse en investigador, gustara o no el rol de rata de biblioteca. De esta manera se incrustaron en algunas dependencias personajes que también se inventarían cualquier cosa para justificar su falta de producción.

“Quiero ser dueño de mi tiempo”, me dijo alguien que entró al INAH para colaborar en el área de museos escolares y logró hacerse investigador. De eso hace 25 años y el señor se acaba de jubilar sin haber dado golpe.

Enterado el Secretario de Educación Reyes Heroles de esta tendencia en ciertas instituciones, cuya vagancia era amparada por los sindicatos “académicos”, decidió crear el Sistema Nacional de Investigadores que compensaría mediante una “beca” a quienes sí trabajaban y se los evaluaría periódicamente para conservarla… Lo malo fue que Don Jesús falleció y su inmediato sucesor tuvo miedo a que los sindicatos pudieran entorpecer las aspiraciones presidenciales que Reyes Heroles no tenía… de manera que, además de las “becas”, palió la reducción del ingreso con incrementos que estaban por encima de lo establecido en los contratos laborales.

De esta manera sobrevivió el académico “tío Lolo” haciéndose tarugo solo… No es difícil de detectar pues, salvo excepciones muy respetables, es un “investigador de tiempo completo” que no ha logrado entrar al S.N.I. Hay instituciones que alcanzan a tener casi un 80% de ellos, es decir, aviadores o simples holgazanes que han sido solapados para llevar la fiesta en paz; pero el despilfarro es evidente y a todas luces inmoral. Tal vez sea cierto que se les acabará el avión.

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