Domingo, 18 de Abril 2021

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AMLO, el INE y el fraude preventivo

Por: Diego Petersen

AMLO, el INE y el fraude preventivo

AMLO, el INE y el fraude preventivo

Durante muchísimos años las elecciones en México fueron una simulación. Era el único país en el que el resultado de las elecciones se sabía antes de que ocurrieran. Eso sí, las elecciones nunca dejaron de celebrarse. Democracia dirigida, decían los que querían ver en aquella simulación electoral algo positivo. Dictadura perfecta, la calificó Vargas Llosa, pues aseguraba el mantenimiento del régimen con cambio de presidente. En el inter, la oposición batallaba contra un sistema que ganaba porque ganaba, y cuando no se imponía por la vía del fraude. Era tan evidente la simulación electoral que para muchos candidatos de oposición era más fácil hablar de fraude que hacer campaña. A eso se le llamó el fraude preventivo.

Durante sus años de militancia priista, López Obrador fue beneficiario del sistema de partido único y desdeñó los reclamos de la oposición aun cuando el fraude fuera evidente y los reclamos legítimos (el caso de Chihuahua en 1986 es el más claro ejemplo de ello). Para Andrés Manuel, el único fraude que existe es el que asegura le hicieron en 2006, la elección más cerrada de la historia, pero que, a diferencia de otras, como la de 1988 que operó Bartlett contra Cuauhtémoc Cárdenas, fue una elección organizada por un Instituto Electoral ciudadanizado, con votos contados por ciudadanos.

El presidente, lo hemos dicho, antes que asumirse como primer mandatario, como el hombre más poderoso de este país, va por la vida como primera víctima de la nación.  

¿Si hubiese existido un recuento voto por voto, casilla por casilla, como lo pedía el entonces candidato del PRD, habría ganado la elección? Nunca lo sabremos, pero la consecuencia de no haberlo hecho es que López Obrador convirtió ese evento en su mito fundante y en la bandera para desacreditar al Instituto, antes Federal hoy Nacional, Electoral. Resulta patético que sea el presidente y no la oposición quien acuda a la fórmula del fraude preventivo, que ponga en duda el resultado de la elección antes de que ésta ocurra.

Pero nada hay de novedad en ello. El presidente, lo hemos dicho, antes que asumirse como primer mandatario, como el hombre más poderoso de este país, va por la vida como primera víctima de la nación.  Todo lo que pasa, lo que se escribe, las decisiones que se toman las lee desde su lugar de víctima. El retiro de las candidaturas a varios candidatos de Morena y de otros partidos que no presentaron informes de precampañas los lee como un ataque personal, no como el resultado de una irresponsabilidad de los candidatos y los dirigentes partidistas. Antes esto no sucedía, dice, y ataca personalmente al presidente del INE, pero no se le ocurre pensar que si no ocurría era porque el marco legal era muy laxo y que fue él uno de los que, cuando era oposición, peleó, con toda razón, por cambiarlo para evitar dinero sucio y simulación en las campañas.

La memoria es corta, pero sobre todo selectiva y conveniente.

diego.petersen@informador.com.mx

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