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Martes, 13 de Noviembre 2018

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1922, un año clave en la literatura moderna

Por: Martín Casillas de Alba

1922, un año clave en la literatura moderna

1922, un año clave en la literatura moderna

En 1922, cuatro años después de que se había terminado la Primera Guerra Mundial, se da el parteaguas en la literatura moderna: ese año se publicaron estas obras que sorprendieron a los lectores: La tierra baldía de T. S. Eliot; Ulises de James Joyce; Las Elegías de Duino de Rainer María Rilke, ‘ese radiante milagro de premura feliz’, con sus 10 poemas sobre la vida y la muerte; el cuarto volumen de En busca del tiempo perdido de Proust, así como Trilce de César Vallejo, Anabase de St. John Perse y, en el mundo de las ideas, el Tractatus de Wittgenstein. Para celebrarlo, estas dos que tres anécdotas:

La novela Mrs. Dalloway de Virginia Wolf, una de las más finas del siglo XX, estuvo inspirada en la obra de Proust. Cuando Virginia terminó de leer los siete volúmenes, se preguntó si, después de eso, “¿quedaría algo por escribir?”

En busca del tiempo perdido se empezó a publicar el 1913 y, el último volumen, El tiempo recobrado en 1927. Es imposible abarcar esta obra en su totalidad, pero logra, entre muchas, muchas cosas, describir el mundo antes y después de la Primera Guerra Mundial cuando “el tiempo cambia a los seres, pero no modifica la imagen que conservamos de ellos”, excepto el día que llega a París, después de una larga ausencia y le cuesta trabajo reconocer a sus conocidos, -como nos puede pasar a nosotros-, aunque sabemos que a ellos también les cuesta reconocernos, como lo vimos durante la fiesta de los Guermantes, después de haberse quedado solo en la biblioteca esperando que terminara el concierto por llegar tarde.

En esa espera, Marcel se inspira y se da cuenta de la manera en la que puede recobrar el tiempo perdido: a través de la literatura, pues, como decía T.S. Eliot: “El tiempo pasado y el tiempo futuro, lo que pudo haber sido y lo que ha sido, tienden a un solo fin, presente siempre.”

Juan Rulfo trabajó ocho años para terminar su versión al español de Las Elegías de Duino de Rilke y, al hacerlo, se inspiró para escribir sus dos obras maestras, tal como lo explican en Tríptico para Juan Rulfo (FJR, 2006). Las Elegías se empezaron a escribir en el castillo de Duino de la princesa Marie von Thurn und Taxis, quien escribió en sus Recuerdos cómo es que se inspiró: “Cuando Rilke vivía en Duino, salió a la terraza, donde el viento soplaba con violencia y el sol iluminaba al mar azul refulgente de plata... Más fuerte que el estruendo del viento y las olas, era la voz que le dictaba el primer verso de la primera elegía: ¿Quién, si gritara yo, me escucharía en los celestes coros? ‘¿Qué es esto? -se preguntó- ¿qué es lo que viene?’ La musa lo visitaba y los apuntó...”

Gracias al Ulysses annoteted de Gifford y Seidman (UCLA Press, 2008), nos dimos cuenta de todos los detalles de lo que sucede en Dublín en un día de la vida de Stephen Dedalus, Molly y Leopold Bloom, en una obra donde logró expresarse de manera radical e insuperable y, al final del día, hace que fluyan las palabras sin comas ni puntos ni nada aunque nos quedemos sin respiración, pues fluyen del inconsciente como ese chorro amarillo espumante que Leopoldo Bloom hacía correr en la calle por la noche antes de llegar a su casa.

En 1922 en una renovada manera de decir las cosas como cuando apareció La Tierra baldía de T.S. Eliot, que ahora declama Fiona Shaw (está en YouTube), cuando empieza diciendo: “Abril es el mes más cruel, engendrando lilas en la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con la lluvia de la primavera...”. La dualidad siempre presente.

Según el autor, ésta “es una poesía que no entendí en la primara lectura y que todavía no estoy seguro de entender” y yo, como T.S. Eliot, me ha pasado lo mismo, por eso lo apunto al pie del texto.

(malba99@yahoo.com)

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