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Martes, 11 de Diciembre 2018

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-Patrimonio cultural

Por: Jaime García Elías

-Patrimonio cultural

-Patrimonio cultural

La Romería del 12 de octubre (hoy) al Santuario de Zapopan es ya, en toda la extensión del concepto, patrimonio cultural inmaterial de Jalisco. Que la tradición se haya mantenido durante 284 años, no obstante la secularización de las costumbres, el crecimiento de la ciudad, las alteraciones de su fisonomía y la disminución de la religiosidad entre sus habitantes, denota que hay, en el fondo de la misma, algo que le da sustento, la mantiene viva y permite que la concurrencia de peregrinos, en términos generales, se mantenga.

Ahora bien: ¿es factible que, como se pretende, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declare formalmente a la Romería, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad...?

-II-

Para pronunciarse en ese sentido, la UNESCO pondera si se trata de “usos, representaciones (y) expresiones (…) transmitidas de generación en generación, y que infunden a las comunidades un sentimiento de identidad y continuidad”. En lo básico, la Romería responde: se trata de una manifestación de la cultura (por definición, “conjunto de modos de vida y costumbres de una época o grupo social”) característica de Guadalajara.
Aunque se produce una vez al año, sus preparativos, a semejanza de otras manifestaciones afines (el Carnaval en Brasil o La Procesión del Silencio en San Luis Potosí [que, por cierto, no han sido incorporadas al selecto catálogo de la UNESCO], etc.), abarcan todo el año: desde las visitas de la imagen de la Virgen a todas -o casi todas- las iglesias de la ciudad, hasta la meticulosa confección del manto que cada año estrena “La Generala”, pasando por los ensayos y la preparación de los atuendos de los danzantes.

-III-

La Romería, como ya se ha apuntado, más allá de ser “un uso transmitido de generación en generación, que infunde a la comunidad un sentimiento de identidad -como que no se da en ninguna otra parte de México- y continuidad”, es una práctica en que se mezclan, de manera indisoluble, elementos religiosos y profanos; de aquéllos, la devoción, la fe; de éstos, la comercialización incontenible -la ruta de la Romería degenera en un tianguis kilométrico- y la incorporación (como dijera el Papa Juan Pablo II cuando, en ocasión de su visita a Guadalajara, se le dedicó una reedición de la misma) de “elementos menos adecuados”, que quizá, para merecer la declaración que ya se ha solicitado formalmente a la UNESCO, sería pertinente -y saludable, de paso- depurar.

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