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Lunes, 28 de Mayo 2018

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* Morbo

Por: Jaime García Elías

* Morbo

* Morbo

No se trata, en rigor, de ningún descubrimiento, pero vale la pena subrayar que los seguidores del América no estuvieron solos en las celebraciones por el gol, ya en el segundo minuto de tiempo añadido por el árbitro, con que su equipo (líder general, recuérdese) se salvó de la derrota ante el Veracruz (sotanero en la clasificación por evitar el descenso), el domingo por la noche…

Estuvieron acompañados, desde el fondo de su corazón, por dirigentes, jugadores y simpatizantes de Lobos-BUAP, Querétaro… y Atlas.

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El optimismo con que los rojinegros emprendieron la marcha, en la temporada anterior, cuando se aseguraba que la mira estaba puesta en la clasificación para el verdadero campeonato y no en la zona del tabulador en que imperan —valga la analogía— “el llanto y el crujir de dientes”, se desvanece gradualmente a medida que coinciden, por una parte, los síntomas de mejoría, en el aspecto futbolístico, de los “Escualos”… y los resultados adversos de los propios rojinegros.

Si la campanada del Veracruz hubiera llegado hasta sus últimas consecuencias, seguramente la presión para Lobos, Querétaro y Atlas sería mucho mayor. El gol agónico de Bruno Valdez, que frustró la “chica” de la jornada —y probablemente del campeonato—, dio un respiro a los otros equipos que están viviendo en carne propia la realidad que ha sido tema obligado de análisis y comentarios a raíz de que comenzó a especularse, hace dos semanas, sobre la posibilidad de abolir el ascenso-descenso durante cuatro temporadas: que sin ese mecanismo, que implica el mayor incentivo posible para los equipos de la Liga inferior y el más atroz de los castigos para los del llamado “máximo circuito”, los campeonatos de futbol en México se desvirtuarían de manera sensible.

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“Morbo”, lo llaman algunos. El diccionario lo define como “atracción hacia lo desagradable, cruel, prohibido o peligroso”… Sin embargo, el interés —malsano, si se quiere— o la preocupación por los riesgos que implica el descenso, es un ingrediente fundamental para la competencia.

No todo puede circunscribirse a la esperanza de alcanzar la recompensa del título o al premio de consolación —el reintegro de la lotería— de haber estado en el selecto grupo de aspirantes a conseguirlo. También hacen falta las lenguas de fuego lamiendo los aparejos para apurar el paso. Sin ellas, el campeonato sería tan insulso como el café descafeinado… y tan insípido como una jícama sin sal.

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