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Domingo, 27 de Mayo 2018

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* Misión imposible

Por: Jaime García Elías

* Misión imposible

* Misión imposible

El mundo del futbol sigue siendo tan ancho como siempre… pero hace mucho tiempo que dejó de ser ajeno. Lo demuestra, con el aval de los ingresos en dólares que las ventas le significan, la proliferación de camisetas del Real Madrid o del Barcelona, del Juventus o del Milan, del Manchester United o del Liverpool, del Bayern Munich o del Borussia Dortmund, en todos los confines de un reino en que jamás se oculta el sol.

Ni mentían ni exageraban, pues, los comentaristas que aseguraban ayer, en las consideraciones preliminares del París Saint-Germain-Real Madrid, por el pase a Cuartos de Final de la archisuperultraprestigiosa Champions League, que se trataba de “el partido que todo mundo quiere ver”.

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Desde la perspectiva de los cronistas, de este lado del océano, es probable que la historia se centre en una anécdota: la ausencia, por lesión, en las filas del equipo francés, del futbolista más caro de todos los tiempos…

La lesión de Neymar (quien ahora relaciona las previsiones médicas de su recuperación más con los sueños de Brasil puestos en el Mundial que comenzará en Rusia dentro de 99 días, que con las perspectivas de su equipo de club en el torneo por cuya conquista sus dirigentes apostaron los 222 millones de euros contantes y sonantes colocados en las arcas del Barcelona por su carta) redujo casi a la nada las ilusiones de que el PSG hiciera, a costillas del Real Madrid, la hombrada de remontar una desventaja de 3-1 del partido de ida.

Hacerlo habría significado dar a los merengues —especialistas históricos en remontadas— una sopa de su propio chocolate. Sin Neymar (sin el cual el PSG es una incolora sombra de sí mismo) la empresa pasó a ser, como quedó de manifiesto, misión imposible.

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Para los cronistas europeos —y españoles, principalmente—, la nota saliente fue el comportamiento de los más recalcitrantes seguidores del equipo francés (“el insoportable tufo delincuente de un sector cavernario de su hinchada, o lo que sea esa manada ultra”, escribió  José  Sámano  en  El País), que pasaron la noche anterior frente al hotel del Real Madrid, tratando de perturbar su sueño, y ocasionaron la suspensión del encuentro en dos ocasiones, por el empleo de bengalas y cohetes.

El trámite del partido, lo que sucedió en la cancha, se limitó a ser la consabida crónica de una muerte anunciada…

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