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Domingo, 23 de Septiembre 2018

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-Comisiones

Por: Jaime García Elías

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En teoría, suena muy bien: si existe un reclamo social particularmente intenso para que se investigue un asunto como la desaparición forzada, primero; el posible asesinato, después, y la probable incineración de los cadáveres de 43 estudiantes de una escuela normal rural del estado de Guerrero, finalmente -lo que genéricamente se conoce como el “Caso Ayotzinapa”-, la decisión gubernamental de crear una “Comisión de la Verdad” para investigarlo, parecería pertinente…

Cualquiera diría que de eso se trata, precisamente: de puntualizar quién (o quiénes) y por qué decidieron detener a los estudiantes; de aclarar por qué, si la detención estuvo a cargo de policías municipales, los detenidos, en vez de ser remitidos a las autoridades correspondientes, fueron entregados a grupos delincuenciales; y si fueron asesinados e incinerados, como se planteó en la “verdad histórica” ofrecida en su oportunidad a la opinión pública por el entonces Procurador Jesús Murillo Karam, finalmente, cómo obtener vestigios de sus restos, al efecto de acallar la demanda de sus familiares y allegados: “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”.

-II-

Al margen del laberinto jurídico en que ha degenerado, sobre el asunto pesa una maldición: cuando se trata de realizar una pesquisa, el tiempo transcurrido -casi cuatro años en el caso- aleja de la verdad a los más interesados en conocerla.

Entre los muchos asuntos con respecto a los cuales el desenlace ha sido decepcionante para la opinión pública en los últimos años, sobresalen, a nivel nacional, los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio; en el plano internacional, los crímenes en los aposentos de la Guardia Suiza en el Vaticano y -aunque ya ha transcurrido más de medio siglo desde entonces- el asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy.

En dos de esos casos, con el ánimo de complacer a la opinión pública, se crearon comisiones especiales a las que se otorgaron facultades supralegales. Para ahondar en el “Caso Posadas” se creó una “comisión interinstitucional” en que se incluyó a jerarcas de la Iglesia Católica; cuando dicha comisión ofreció sus conclusiones, alguno de sus miembros -“de cuyo nombre…”, etc.- las descalificó, aferrado a la aventurera hipótesis de que se había tratado de un crimen de estado. En el de Kennedy, se creó la “Comisión Warren” que, lejos de aclarar los hechos, los ensombreció aún más.

Moraleja de la historia: pocos peces hay en los estanques de este mundo, tan escurridizos como la verdad.
 

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