Sábado, 24 de Octubre 2020

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- ¡Sus...pen...soooo...!

Por: Jaime García Elías

- ¡Sus...pen...soooo...!

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Hasta las primeras horas de la tarde de ayer domingo, al menos, continuaba en la Avenida Juárez de la Ciudad de México, a inmediaciones de la Alameda Central y el Palacio Nacional de Bellas Artes, el plantón de manifestantes que “exigen” la renuncia del Presidente López Obrador.

Según la notas periodísticas difundidas desde media mañana, alrededor de mil 500 personas  que pretendían llegar hasta el Zócalo y Palacio Nacional, al verse “encapsuladas” por “elementos de seguridad”, instalaron casas de campaña -los testimonios gráficos mostraban algunas decenas de ellas-, y, siguiendo el ejemplo de los simpatizantes del actual Presidente tras las supuestamente fraudulentas elecciones de 2006, anunciaron que permanecerían en el lugar “por tiempo indefinido”.

-II-

De ser ciertas las cifras de López Obrador, en el sentido de que su grado de aceptación por parte de los ciudadanos es de 70% (algunas encuestas reportan alrededor de 63%), es obvio que las protestas de mil 500 manifestantes, por ruidosas que sean, le hacen lo que es fama que el viento le hace a Juárez... El propio  López Obrador, en conferencia de prensa, desde Jojutla, Morelos -siempre sonriente, por lo demás-, se dijo “contento” con las protestas de “los conservadores”. Si no las hubiera -afirmó-, se sentiría “frustrado” de que no el país no acusara cambios atribuibles a su gobierno; (y, de paso, además de garantizar verbalmente a los dirigentes del autodenominado Frente Nacional Anti-AMLO que respetaría su derecho a manifestarse, invitó a sus dirigentes, “a los meros-meros”, a quedarse varios días; a “que no se vayan a ir a los hoteles en la noche”).

-III-

Es de suponerse que ni ese plantón ni las marchas eventualmente registradas -como ocurre casi todos los fines de semana, desde hace varios meses- en otras ciudades del país, darán, en el corto plazo, los frutos apetecidos por sus organizadores...

En todo caso, en la medida en que impacten en el ánimo o alteren la vida ordinaria de miles de personas -especialmente si, en efecto, dicho plantón, esta vez, dura más que las consabidas llamaradas de petate-, es de esperarse que las manifestaciones intensifiquen la polarización que ha sido una de las señales distintivas de la actual administración (“o conmigo o contra mí”, se diría), e inclinen las voluntades de cara al ejercicio de revocación de mandato programado para finales del año próximo, en un sentido hoy por hoy incierto; imprevisible: digno de una buena novela de suspenso.

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